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YO SOBREVIVÍ (A DURAS PENAS) A LA CABALGATA DE REYES

Pedro Hermosilla

Pasadas unas horas de la celebración de las cabalgatas de reyes, y lejos de la polémica, aquí van mis conclusiones:

1-El tiempo de paz y armonía acabó, justo antes de que pasara la comitiva: no he visto tanta agresividad, tantos codazos, tantos agarrones que cuando cerca de mí caía una tenue lluvia de caramelos y de baratijas (los córners de fútbol, o los rebotes de la NBA, se quedan en nada comparados con los marcajes que se hacen las abuelas y las mamis en las aceras).

2- Se supone que la cabalgata se hace para alegrar e ilusionar a los niños, no para que se nos maten en ella: hay niños descontrolados barriendo el suelo con sus manitas entre zapato y zapato con la carita a la altura de las rodillas ajenas. No ha lugar de preocuparnos si los caramelos son azucarados o no: es muy posible que los niños pierdan los piños antes de meterse alguna de las golosinas en la boca.

3- El dolor que produce un caramelazo en el ojo, es similar al impacto de un obús turco.

4-¿Alguien se ha dado cuenta que si miramos al suelo en busca de cosas, nos agachamos, nos peleamos con los de al lado, nos pisamos los abrigos para dificultarnos la movilidad mientras nos arrastramos por el asfalto y las aceras… nos perdemos los espectaculares desfiles que nos preparan nuestros ayuntamientos con gran gusto, mucho esfuerzo… y el dinero de todos los contribuyentes?

 

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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