El viejo profesor Valencia

DIME CON QUIEN ANDAS…

En el repaso a ciertos aspectos de mi vida, que no de todos –por el momento-, he dejado al margen uno de los más importantes de nuestra existencia:
LA AMISTAD, los amigos. Como sabes, querido lector y amigo, todo lo que cuento siempre ronda por la senda de la educación. Déjame, por un momento, que camine paralelo a este propósito, para hablarte de mis amigos que, al fin y al cabo, es como hablar de tus amigos, de nuestros amigos…
Andalucía, una parte de España en la que nací, tiende a hacer de cualquier suceso o acontecimiento, una copla, una canción. Así, el suceso alegre se convierte en jubiloso y el suceso triste se despoja de todo aspecto negativo y se reviste de sana alegría. Andalucía, mi tierra, tiene un canto popular, depositario de la sabiduría del pueblo llano: “las sevillanas”. Y una de ellas nos dice:

“Algo se muere en el alma,
cuando un amigo se va.

Cuando un amigo se va,
va dejando una huella
que no se puede borrar.

No te vayas todavía
no te vayas por favor
que hasta la guitarra mía
llora cuando dice adiós.

Un pañuelo de silencio
a la hora de partir
porque hay palabras que hieren
y no se deben decir.

Ese vacío que deja
el amigo que se va,
es como un pozo sin fondo
que no se vuelve a llenar”

Ya habrás adivinado que te voy a hablar de los amigos que nos han dejado. Es cierta la canción cuando dice que “algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”, porque los amigos tienen en nuestro corazón, en nuestra existencia, un lugar privilegiado, un hueco, una parcela, que será casi irremplazable cuando nos dejen. Creo que fue Ortega y Gasset el que dijo : “Yo soy yo y mis circunstancias”, y yo me atrevo a parafrasear al gran pensador asegurando que “Yo soy yo y mis amigos”. El refranero, siempre sabio, sentencia que “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
En época reciente he sufrido la pérdida de grandes amigos. Espero que, desde donde se encuentren, puedan leer este artículo y comprueben que el hueco que dejaron “no se ha vuelto a llenar”, aunque no está vacío, sino lleno de recuerdos que, con el tiempo, han adquirido valor y solera. Te lo iré contando, querido amigo, en las próximas entradas.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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