Valencia

ABUSO DE LOS SIGNOS DE ADMIRACIÓN

EL ARTE DE ESCRIBIR

ABUSOS DE LOS SIGNOS DE ADMIRACIÓN EN LA NARRACIÓN

 
También resulta declamatorio el estilo por el abuso de los signos de admiración. Abundan las personas que, al escribir, quieren -pretenden- transmitir al lector una emoción o llevarlos a admirarse de algo, utilizando el facilísimo expediente de los signos de admiración. Olvidan -ignoran- los que tal hacen que el lector se emociona o admira, no porque el escritor abunde en colocar junto a sus palabras aquellos socorridos signos caligráficos, sino porque, en realidad, lo que se cuenta o dice sea emocionante o digno de admiración.
Cosa muy distinta es el empleo de tales signos en el diálogo. Aquí sí cabe utilizarlos siempre que queramos describir al lector el tono de voz (emotivo, airado, admirativo, etc). del personaje que habla.

Ejemplos:
«Se le paró la respiración. Allí estaba la Verdad pronunciada casualmente por una boca humana. El Señor le había enviado su Palabra desde lo alto … ¡De El venía la palabra, de El el sonido, de El la Gracia! … (La Resurrección de Jorge Federico Haendel », por Stefan Zweig. «Momentos estelares de la Humanidad .)

En el párrafo transcrito sobran evidentemente los signos de admiración que encierran las últimas frases. Sin dichos signos, y sin alterar el sentido, la expresión hubiera resultado más natural, menos sonora. En cambio, en el siguiente trozo de diálogo, los signos de admiración son perfectamente lógicos:
¡¡Arrea!! -exclamó Luis-: -, ¡Qué barbaridad! … ¿Te has fijado cómo va aquel coche? … ¡Ese conductor es un loco! ¡Así no se debe ir por una calle céntrica!…

Finalmente, y éste es el caso que aquí nos interesa especialmente, abundan los escritores que caen en el tono oral porque, al escribir, narran en voz alta. Con todos los respetos, podría llamárseles «oradores por escrito». Son en suma los novelistas rapsodas que escriben con un incontenible deseo de ser escuchados, de encontrar un eco de masas, de galería. Su obra no va dirigida al lector, sino a un coro de oyentes.
Por ello su prosa narrativa resuena, aun en la lectura visual…
Olvidan quienes así escriben que el tono del relato sólo admite un eco legítimo en el espíritu, en la mente del lector. La narración -salvo en el caso del diálogo apuntado más arriba no debe ser nunca sonora.
Puede y debe ser plástica cuando se quiere que el lector vea lo que se le cuenta; puede ser también poética, lírica, emotiva, etc., pero no por el modo de construir las frases. sino porque lo que se narra sea, en realidad, poético, lírico o emotivo.

En su obra Interpretación y análisis de la obra literaria, dice Wolfgang Kayser que «la parte considerablemente mayor de la prosa literaria de los últimos siglos, ya no se destina a la declamación, ya no vive en la atmósfera de las asambleas de lo retórico. Esta prosa sólo quiere ser leída a solas y en silencio, y no le interesa destacar expresivamente determinados paisajes.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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