El Arte de Escribir Valencia

LA INCUBACIÓN

EL ARTE DE ESCRIBIR

La incubación de la narración.

Concebido ya el relato, con el esquema del mismo en una o varias cuartillas, viene la incubación, período éste, según Schockel,

 
“lento y trabajoso, época oscura en que revolvemos y registramos el problema: los materiales se agitan fundidos en ciego montón; nuestro espíritu contempla el caos informe … Son momentos dolorosos en que nos asaltan tentaciones de abandonar el trabajo …».
Pero aquí es donde ha de verse la calidad del verdadero artista, del hombre de temple, con fe en sí mismo, que no se arredra ante las dificultades y que continúa laborando, gestando, lo que fue concebido en un momento feliz, pero que requiere, antes de ver la luz, de nacer ya he-
cho, un período lento de gravidez.
“En los momentos en que la conciencia se apaga o se duerme, prosigue la incubación nuestro subconsciente», dice Schockel. Esta labor subconsciente es, a veces, importantísima, casi definitiva: labor oscura, silenciosa, ignota, que ayudará luego al esfuerzo último de la realización.
La incubación será más o menos larga, según el individuo, el tema, las circunstancias. En esta fase es muy importante saber y poder concentrarse. Si nos dispersamos o dejamos que la vida disperse nuestra atención, es muy posible que lo concebido muera antes de nacer, que se produzca un aborto literario. La incubación o gestación exige un cierto reposo; un aislamiento, más o menos duradero, de la agitación de la vida; un dejar a un lado las preocupaciones. Si no conseguimos olvidar «lo demás», aunque sólo sea un par de horas al día, es muy posible que
la gestación fracase y resulte estéril la concepción.
Se dice que Newton estuvo dieciséis años incubando el problema de la fuerza de la gravedad. Autor hay, como el prolífico Simenón (según confesión del autor publicada en prensa francesa) que, cuando llega el momento de “ponerse a trabajar», se encierra en su estudio y, mientras
escribe o piensa en su novela, no permite ni siquiera a sus familiares que rompan esta voluntaria reclusión. Sólo así es posible incubar y, sobre todo, realizar una novela en poco más de quince días.
Finalmente, tras la incubación -más o menos lenta- viene el desarrollo del plan y la realización del mismo, cuyas normas esenciales se han expuesto anteriormente, al ir estudiando el arte de narrar.
Insistiremos, una vez más, en que, una vez realizada la obra, conviene dejarla cierto tiempo

“en cuarentena», para releerla después, como si no fuera nuestra, con el fin de dar los últimos toques (el retoque): tachar lo que no haya salido bien o aprovechar alguna nueva ocurrencia, para matizar, en suma -según hacen los pintores- con una pincelada precisa de luz o de color.

print
Comentarios

Buenos días


La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

RÓTULOS CARDONA

Sígueme en Twitter