Educacion Valencia

EL TUFILLO MASOCA DE LAS EVALUACIONES

Pedro Hermosilla

No sé si os pasa a vosotros, compañeros, pero cada vez que paso por una evaluación llego desesperado a casa y con ganas de ahorcarme desde el primer cajón de la cómoda (porque una cosa es colgarse y otra es realmente hacerse daño). Me invade la zozobra y me rodea un tufillo a fracaso del que me es casi imposible desembarazarme. Cada vez se instala más  en mí la idea de que un masoquismo exacerbado es intrínseco a la actividad docente, como si fuera una asignatura troncal del grado de magisterio.

Entiendo y comparto que hay que analizar y valorar errores y fracasos en las evaluaciones, dado que eso nos hace avanzar y mejorar con las propuestas de mejora. Pero me sabe a cuerno quemado que apenas se les dedique tiempo a los alumnos excelentes, a los héroes del pupitre,  a los líderes del esfuerzo, la chispa y el talento.

Lo cierto es que ellos triunfan con nosotros, o a veces a pesar de nosotros, y  lo tienen todo en contra: compañeros disruptivos, profesores muchas veces desmotivados, una sociedad de pazguatos  televisados y televidentes, unas leyes educativas que parecen escritas por  grillos y unos valores estrictamente basados en el postureo y el parné.

Por ellos levanto mi copa y brindo al sol de la excelencia. Reclamo un sitio destacado para ellos en las evaluaciones, un pódium de admiración; porque su buen hacer y su buen ser nos motiva y nos ilumina.

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Comentarios

Buenos días


El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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RÓTULOS CARDONA

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