El Arte de Escribir Valencia

EL COMIENZO: EJEMPLOS

EL ARTE DE ESCRIBIR

EL COMIENZO: EJEMPLOS.

«Todos los sistemas son buenos -Sigue F. Tarleton- cuando todo lo que se menciona o describe es de interés y necesario para el objetivo
del escritor.»

He aquí lo que podría ser el principio sugestivo de una narración corta:
«Es la hora de la siesta. Hace calor; un calor bochornoso, sofocante… Una mosca zumbona revolotea sobre la calva sudorosa del doctor Martínez, el cual despechugado, en mangas de camisa, dormita en cómoda poltrona, doblada la barbilla sobre el pecho, la mano derecha colgando hacia el suelo y la izquierda posada sobre el pomposo vientre …  

La mosca planea sobre la calva, preparando el aterrizaje; pero los resoplidos del doctor espantan una y otra vez al pegajoso insecto.
Entre sueños y resoplidos, una sonrisa beatífica se dibuja en el rostro sanguíneo -nariz chata, cejas pobladas y carrillos abundosos- del buen doctor …
Esta sonrisa, apenas esbozada, es el signo de un sueño feliz. El doctor Martínez está ensoñando, realizando en el sueño, una de sus más caras ilusiones. Está viviendo lo que nunca vivió, teniendo lo que nunca tuvo, 5disfrutando ese pequeño gozo secreto de su vida, que no pudo gozar nunca.
Acaso el imperceptible zumbido de la mosca que sobrevuela su calva ha despertado en su alma una ilusión, perdida y nunca realizada: Ser
aviador; volar, volar …”

Y, pues que hemos puesto a la humilde mosca como «punto de mira» de lo que puede ser un principio de narración, veamos cómo este mismo insecto le sirve al maestro Chejov de arranque para uno de sus inmortales cuentos. Así empieza el titulado En la oscuridad:
“Se le mete una mosca por la nariz al vicefiscal, el consejero Gaguim. Aunque se metiera allí por curiosidad o por ligereza, aprovechando la oscuridad, lo cierto es que la nariz no soporta la presencia de un cuerpo extraño y Gaguim se lanza a estornudar con tal estrépito, que hace crujir la cama.
La esposa de Gaguim, María Michailovna, una rubia regordeta y robusta, se estremece y se despierta. Abre los ojos, escudriña en la oscuridad, suspira y se vuelve del otro lado. Al poco rato, da otra vuelta, aprieta los párpados, pero el sueño no vuelve. Después de varias vueltas y suspiros se incorpora, salta por encima del marido, se calza las zapatillas y se aproxima a la ventana … ”

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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