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EL VALENCIA YA ES UN “GRANDE”

Tras enfrentarse al Barcelona, el Valencia continúa segundo a la misma distancia que antes del choque. Cuatro puntos lo siguen separando del primero. La cosa se mantiene igual, como si no hubiese pasado nada.

Pero sí ha pasado.

– En lo positivo:

El líder jugó como no había jugado todavía este año – de hecho, durante la primera parte el Barça fue dueño del balón y atacó sin piedad como si de una final de Champions se tratara – y, a pesar de eso, el equipo fue capaz de plantarle cara.

Se marcó y se pudo homenajear de la mejor forma posible al querido y recientemente fallecido Jaume Ortí.

Pero, sobre todo, se vivió lo que es que las decisiones arbitrales te favorezcan.

Un penalti que no era, un fuera de juego que acaba con el balón en el fondo de la portería, un gol fantasma que no se pita… Todo eso ha sido siempre exclusivo de los equipos denominados “grandes” así que, después de lo de ayer, tendremos que incluir al nuestro en el saco porque nos perdonaron un gol que entró, vaya si entró, y encima contra el todopoderoso equipo culé.

Hoy no estarán contentos en Can Barça, se siente, pero ayer tocaba que nos echaran una manita.

A lo grande.

– En lo negativo:

Al final, el Barça rebañaría un puntito casi in extremis, aunque para ello tuvo que echar mano de la genialidad de Messi y la velocidad y acierto de un Jordi Alba que, viendo la efusividad de su celebración, parecía mentira que alguna vez hubiera pasado por Valencia.

– En conclusión:

Tablas entre el primero y el segundo.

Tablas entre dos grandes.

Y el Valencia sigue… -seguimos-… aspirando a todo.

 

Fdo. Un valencianista desinteresado.

 

 

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El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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