El Arte de Escribir Valencia

EL COMENTARIO. Ejemplos comentados

EL ARTE DE ESCRIBIR.

EL COMENTARIO.

EJEMPLOS COMENTADOS.

Más bien a título de ejemplo que de ejercicio práctico, damos a continuación algunos principios y finales de artículos editoriales o comentarios de periódicos.
1. “No hace muchas semanas, un inglés que invernaba en el mediodía de Francia preguntó a un hostelero de San luan de Luz:
-¿Cuántos hombres armados necesito para viajar a España con alguna seguridad?
Meses ha, un señor de Bruselas interrogó a un artista español acerca de si en las Cortes de Madrid se oía alguna vez el jaleo o si se tocaba el fandango. Nuestro compatriota repuso que los diputados llevaban consigo un pequeño guitarrín de mano, y el buen belga se quedó muy tranquilo. El hecho se le antojaba natural; respondía perfectamente a sus prejuicios …
” (Publicado en el “Diario Universal”, el día 27 de mayo de 1903).
Este principio narrativo, con su “deje” irónico contra la clásica “españolada”, es un buen modo de comenzar el comentario. En vez de entrar, muy seriamente en el tema, con una serie de consideraciones histórico-filosóficas acerca del desconocimiento que suele tenerse en el extranjero de España. El autor, ha recurrido a la anécdota -siempre atractiva de por sí- para captar la atención del lector.

No podemos decir lo mismo del final de este artículo, cuyas últimas líneas dicen así:
…De seguro no los habrá engañado la cortesía gubernamental, como no engañan los sueltos oficiosos que, de cuando en cuando, hacen circular por los periódicos extranjeros nuestros representantes diplomáticos. ¡Y son tantas las cosas que necesitan disimular nuestros gobiernos! ‘¡Es realmente tan anómala nuestra organización política! ¡Viven tan separados los partidos de la vida nacional! ¡Se hallan tan al aire sus programas! ¡Tan en el aire sus hombres! ¡Tan en el aire su sistema!”

Y..tan en el aire resulta este final del artículo! Toda esta serie de exclamaciones caen en el “latiguillo”. Es éste un modo de terminar que, sin duda, deja al lector lo mismo que estaba. No se le obliga a seguir pensando en la tesis del comentario. La exclamación retórica, entre puntos de admiración, es como la voz del pregonero. Hiere el oído, se le presta atención un momento y, al poco rato, se pierde, se aleja y se borra de nuestra memoria.

2. “Las dimensiones que ha alcanzado la guerra y el ritmo sorprendente con que es conducida obligan al comentarista a dedicarle meditaciones continuadas, sin que en ningún momento quede agotado el tema ni parezcan baldías las reflexiones … ” (“Mundo”, 25 de junio de 1944).
He aquí lo que suele llamarse un principio “blando”, sin garra. Todo este exordio justificativo, sobra. Al lector no le interesa que le expliquemos el porqué de nuestro propósito al escribir. Justificarse ante el lector, salvo rarísimas ocasiones, es más bien contraproducente. Vayamos derechos al grano, y dejémonos de titubeos que, en el mejor de los casos, sólo servirán para despertar la natural suspicacia del lector, que muy bien (o muy mal) puede pensar que, al escribir así, no estamos muy seguros ni convencidos del interés del tema propuesto.

3. “De un modo. u otro esto del deporte también “entra” en la historia universal. La actitud deportiva podrá parecer relativamente mínima y baladí. Sin embargo, hay que considerarla en sí misma para descubrir que no es tanto. De otra parte, ¿no les parece a ustedes, señoras y señores, que la historia universal, aparte de la conferencia de Ginebra, carece esencialmente de frivolidad? La aventura olímpica nos devuelve a un mundo elemental, heroico, saludable y bueno. A la estatuaria griega. Al saber ganar y al saber perder con la sonrisa en los labios. A la ascesis atlética … ” (“Punta Europa”, julio-agosto, 1959).

Un buen tema de comentario y un modo hábil de “arrancar”. Lo profundo está perfectamente disimulado, suavizado, por el estilo fácil, por el período breve, por la tesis sana y por el lenguaje sencillo, dentro de su natural seriedad expositiva. El lector queda prendido y lee el comentario sin dificultad porque, sin dificultad, se le supo llevar hacia el tema.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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