Actualidad HUMOR Valencia

LOS 3 AMIGUITOS Y EL LOBO

El Turco

Érase una vez tres amiguitos que vivían juntos en una cabaña en el bosque. El resto de habitantes del lugar los querían y todo era aparente armonía y felicidad. Sin embargo, los tres coleguitas no eran felices. Ellos no deseaban formar parte del terreno en el que estaba situado su hogar, se sentían distintos, así que un día crearon un bosque distinto de aquél en el que ya vivían, un bosque distinto dentro del otro, con fronteras y nombre distinto, donde cualquiera excepto ellos sería distinto; y después gritaron su distinción a los cuatro vientos como una auténtica declaración de independencia de todo lo demás.

Y así pasaron los días, pensando que se habían salido con la suya, hasta que el lobo se presentó en la puerta de su cabaña. El resto de vecinos lo habían elegido para hacer entrar en razón a los tres camaradas y que se dejaran de tonterías, ya que el bosque, todo él, era de todos.

El lobo gritó desde fuera: -“Abrid la puerta y dejad de hacer el ganso o soplaré y soplaré y la cabaña tiraré”.

Los tres contestaron desde dentro: -“No te tenemos miedo, lobo, estamos en la seguridad de nuestro independiente hogar y aquí no nos puedes pillar”.

Puchi, Junqui y Forca (así se llamaban) se las prometían muy felices pero la cabaña estaba hecha de paja y era muy endeble así que cuando el lobo sopló y sopló, la construcción enseguida se vino abajo y se vieron desprotegidos.

Ante la visión temible del lobo, Puchi salió corriendo y no paró hasta llegar a otro país donde fue feliz porque siempre había querido salir de aquellas tierras, pero los otros dos se quedaron paralizados por el miedo y el lobo los atrapó.

Junqui acabó en la cárcel por seguir insistiendo en que su casa no estaba en el bosque y Forca se salvó porque acabó por reconocer que todo había sido una bromita (para no acabar como su colega).

Parece mentira pero, colorín colorado, este cuento no ha acabado.

Así que nada, a verlas venir…

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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