El Arte de Escribir Valencia

“YO”

EL ARTE DE ESCRIBIR

“YO”

Conviene eliminar, siempre que se pueda, al principio de un escrito al enfático yo. ¿Por razones de falsa modestia? No: simplemente por motivos de sencillez, de familiaridad con el lector

Arrancar con el presuntuoso «yo» suele ser contraproducente. Empezar una frase diciendo, por ejemplo, «Yo creo que la actual situación del mundo …», por su empaque petulante, recuerda la fórmula antaño reservada a los monarcas absolutos, cuando, al final de una «cédula», decían: «Yo el rey». Si se suprime el pronombre y escribimos: «Creo que la actual situación … », el tono
resulta más agradable para el lector. Además, haciéndolo así, somos· más fieles al espíritu y fisonomía de nuestro idioma, que “en esto sigue al latín clásico, cuyos verbos nos dicen la persona por la desinencia, sin poner delante de la flexión verbal la erguida figura del pronombre a modo de hierático portaestandarte : credo, amo, dico lego, etc. A veces basta posponer’ el pronombre: «creo yo» resulta menos enfático que «yo creo».
Lo dicho vale principalmente para el principio de un artículo. Luego, en medio del trabajo, puede utilizarse el “yo». Su presencia queda como atenuada por el contorno o muchedumbre de vocablos que lo rodean.

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Buenos días


El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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RÓTULOS CARDONA

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