LIVING LA VIDA MADRE Valencia

CIUDAD DE ESTRELLAS

NOE MARTÍNEZ

A veces, el insomnio vale para algo más que ir a la cocina y comerte los restos de galletas mordisqueadas que han ido dejando los niños a lo largo del día, o ponerte ciega a chocolate negro, amparándote en aquello la noche me confunde, que dijo el otro. A veces, el insomnio vale para cosas tan inauditas como disfrutar del silencio y el autocontrol.

Cuando hay niños en casa, la alegría está servida, pero servida y reverberada, porque no hay minuto que no esté colapsado en decibelios, disfrazados todos ellos de exigencias, de locuras y ocurrencias. Estos niños que me han salido de dentro ya con el buaaah en modo ON, son origen y germen de todo lo bueno y todo lo que hace que la vida valga la pena, pero oigan: ¡que hacen fiesta por ocho!
Así, metidita en la cama, con los ojos abiertos a lo Walking Dead, oigo y desoigo cómo respiran, como se giran en la cama mis dos soles del Paraguay. Es ahora, que tengo el cuerpo baldado y la sensación de flotar, con las piernas hinchadas como un globo de helio de Peppa Pig, que cruzo los dedos para poder quedarme en este estado gaseoso un buen rato. Hasta que nacieron los niños, no dormir era el mejor teletransportador conocido hacia los remordimientos, las ansiedades locas de ver cómo el despertador se desnuda, dígito va, dígito viene. Ahora, que estar a solas conmigo misma es casi un tranvía llamado deseo, cuando me desvelo, no agonizo como cuando veo que el iPhone se come la batería y no tengo cargador (Que viene el coco 2.0); sólo respiro y respiro y respiro y, cuando me canso, vuelvo a respirar. No, no es una cuestión de oxígeno en sangre, sino de oxígeno en cerebro, de droga doméstica ‘Made in Noe’, cuyo éxito radica en saber que tengo todo bajo control. Oh, esa sensación mullida de saber que está todo bien, que están todos bien, que la vida es bella y es bien. Tan de banda sonora de Lalaland, que se te van los pies bajo la sábana, sitiiiiiofstaaaaarsssss.

Y son esas noches en las que dormir no es lo prioritario, que, sin querer, te conviertes en tu propia María Teresa Campos, y te haces preguntas, con los brazos cruzados, bajo el pecho, como meciendo tus propias pechugas (no se me rían con el símil, porque yo una vez, recién parida, acuné un pollo en el carrito del supermercado, mientras esperaba mi turno de caja. De eso que vas con el piloto automático BabyOnBoard activado y cuando te das cuenta, estás meciendo a un señor de Cuenca, que está haciendo cola, la de echar el Euromillón. Algo así). Vale, pues meciendo el pechugamen, me pregunto si lo estaré haciendo bien, si ser como soy, si educar como educo, si reír como río, si compartir comparto, si cantar como canto, si besar como beso, si consolar como consuelo, si amar como amo, tan te quiero pa’mí y pa’más nadie, es, en verdad, la forma correcta y la buena de ayudarlos a ser unos tipos de bien, unos tipos con sus cosas y sus cositas, pero en todo caso, que crezcan sabiendo que no son los únicos que sienten y sufren, que hay que darse a los demás para que a uno lo quieran como es; que los sentimientos no se esconden, porque lo que se esconde, lacera y hace pupa, y puede que, cuando eso suceda, yo ya no esté aquí para hacerles un sana, sana, culito de rana. Que saboreen el amargo sabor de la traición de una amistad farisea; que lloren lagrimitas negras por un amor que pudo haber sido, ¡y tanto que fue!; que conozcan el sinsabor de no haber llegado, de quedarse a las puertas, de que el esfuerzo es importantísimo, pero la suerte tiene comodines bajo la manga y, si algo falla, siempre deja rabia bajo la puerta. No tengo un cuadernito de bitácora ni siquiera un lápiz con goma para desdecirme de fallos y fallitos en mi ruta hacia el Dorado, que no es otro que hacerlos felices y con capacidad para saber cómo serlo. Con ellos, con mis niños de amor, sigo la ruta del corazón desbocado, la ley del quererte a manos llenas hasta que aurícula y ventrículo, se abracen bailando el C’om, let’s twist again.

Y es curioso y tiene su gracia, porque cuando estaba embarazada de mi mayor, el que me dio el título de reina madre, no paraba de imaginarme como tal, pensando en si haría esto o aquello, o si les dejaría hacer esto y lo otro; pero en ese plan de barriga al sol, con la cabeza a rebosar de hormonas de amor, cociendo locura como puchero abuela primorosa, no contaba con que, en verdad, ser mamá no es un estado civil: ser mamá es un estado emocional, propio e intransferible, inevitablemente unido a lo has parido o estás por parir (madre del amor hermoso, este punto, mejor no lo tocamos, que oigo parir y se me hacen las piernecitas un nudo as de guía…). Trazar pues un plan, echar miguitas en el camino para no perder el norte y darte de bruces con los morros en todo el sur, no funciona, o al menos, a mí no me funciona. Porque estoy segura, que en cuanto me ponga a dirigir la excursión de la vida, alguien me reclamará para que le limpie el culete, le ayude a leer Ensalada de Letras Libro de Lectura para 1º de primaria, o me pedirá auxilio a gritos y risas, con el moco verde del slime (anterior y ochenteramente conocido como Blandiblú) por el pelo. Alguien dijo alguna vez que la vida es eso que te está pasando mientras te empeñas en hacer planes para vivirla. Con la maternidad, queridos míos, pues tres cuartas partes de lo mismo. Que si planeas, mal; pero si improvisas, peor. Y en esas estamos, con insomnio, mirando al techo y oyendo como mis niños duermen a pierna suelta, depurando ilusiones y cansancios, mientras yo me echo encima culpas y culpitas. No sé si lo estaré haciendo bien, pero de lo que estoy segura es de que ellos a mí sí. Mis niños, me sientan la mar de bien. Llamadlo locura, qué caramba. O amor en cinemascope, que no digo yo que no. Por cierto, síganle el rastro al término transnugar, NoeLogismo de nuevo cuño: Dícese de la acción de despertarse tan pronto que no sabes si madrugas o trasnochas. Lo dicho, amor loco en pantalla grande. Living la vida madre. Ains.

print
Comentarios

Buenos días


La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

RÓTULOS CARDONA

Sígueme en Twitter