Educacion Valencia

ES GRATIS, Y HACE MEJORAR A LOS POLLUELOS: EL ESPEJO

Pedro Hermosilla

Una porción muy grande de la preciosa  tarta del aprendizaje se la lleva la imitación. Se aprende mucho de la interacción con los demás y  mediante el calco de actitudes ajenas. Esto en realidad es un arma de doble filo porque hay que afinar mucho con el modelo que les presentamos a los niños. Estos imitan a quienes admiran. No es raro ver a un niño que ha marcado un gol santiguarse y señalar al cielo a lo Messi, o gritar un “SIIIIIIUUU” como si fuera un Ronaldo comprimido. A otros les da por ser tertulianos del “Sálvame” y convierten sus conversaciones de pequeñajos en verdaderos diálogos de marujas al borde de un ataque de nervios, con sus aspavientos, sus interrupciones, su teatro… Sólo les falta dar paso a la publicidad y vendernos un seguro o una colonia en los recreos. (Yo no me hago el chulito en este campo puesto que me pasé diez años imitando a Chiquito de la Calzada, héroe)

Vayamos a lo serio: el ser humano es social por genética y cerebro. En él habitan unas células llamadas “neuronas espejo” (gracias Rizzolatti), que son las que nos hacen que al ver una peli de Bruce Lee acabemos todos dando grititos y dando rijostios al aire, por ejemplo. Estos “bichejos” se activan al  realizar una acción, pero también al observarla, quedando reflejada en nuestro coco como si la estuviéramos haciendo, de ahí el nombre de “espejo”. Incluso en algunos casos nos incitan a copiar comportamientos (bostecen delante de una clase y se sorprenderán del número de sus alumnos que abren la boca como un hipopótamo del  tragabolas).

Ahí tenemos caladero nosotros, los docentes, y las familias. Lo primero es llamar la atención del polluelo; lo segundo es que a esa atención el niño le saque un rédito (primordialmente emocional) para que se mantenga lo máximo en el tiempo (no suele durar más de unos minutos) o  que se repita el máximo de  veces posible; lo tercero es liderar (cuántos buenos profesores de matemáticas, historia, ef… consiguen que sus alumnos después de unos meses quieran ser profes en vez de futbolistas, astronautas… o tronistas). Todo ello adoptando las actitudes, e incluso aptitudes, que nos interesa que el niño aprenda. Es una herramienta muy rentable para las aulas y para los hogares.

 

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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