El Arte de Escribir Valencia

LA INVENCIÓN

LA INVENCIÓN

Pedro H. Pineda

La composición literaria es el arte de desarrollar un tema. Dicho arte se descompone, artificialmente, en tres fases: la invención o investigación y búsqueda de la idea o ideas, la disposición o procedimiento por el que se ordenan tales ideas y la elocución o modo de expresión de nuestro pensamiento.
Estas tres fases, aunque las estudiemos por separado, suelen producirse en nuestra mente de un modo casi simultáneo: mientras se escribe, se va elaborando la idea y su propio desarrollo.
“Estas tres operaciones -dice Albalat- no son rigurosamente distintas; al contrario, no puede separárselas. Encontrar un asunto, es ya disponerlo y ponerlo en orden, desde el momento en que se le examina y se madura. A menudo, en el mismo momento en que se descubre una situación o una escena, acude a nosotros la expresión y la anotamos para no perderla”.

A) La invención.

Inventar no es sacar algo de la’ nada: inventar (invenire, en latín) es encontrar, hallar. Y sólo se encuentra lo que se busca. Los hallazgos fortuitos son muy raros en literatura. La invención, pues, supone un esfuerzo para encontrar un tema y todos los detalles con él relacionados.
Es una búsqueda de las ideas necesarias para producir una impresión determinada; es la elección, entre el cúmulo de impresiones primeras, de aquellos conceptos o hechos base de nuestro pensamiento en un momento
determinado.
Hay autores que recomiendan la lectura y el estudio de modelos literarios como preparación para la composición; es lo que suele decirse «la asimilación por la imitación». Un escritor francés, F. Brunetiere, decía que «la imitación es el noviciado de la originalidad». Y puesto que, según decimos en más de una ocasión, la redacción correcta y hasta elegante puede aprenderse, habremos de concluir con aquella frase de Teófilo Gautier: «Quien no ha imitado nunca, no ha sido nunca original».
Claro está que la imitación sola no es recomendable. Se puede recurrir a ella en nuestros primeros pasos por el largo camino del arte de escribir; después … hay que saber soltarse y caminar por nuestra propia cuenta. Lo difícil, según Albalat, no es escribir sobre un asunto, sino sentirlo: “No se escribe bien más que lo que se siente bien”.
Lo importante, según el autor citado, es que poseamos el asunto por completo, que nos saturemos con él y de él. “Si no acuden las ideas -dice- es porque el asunto no está suficientemente maduro. Hay pues que pensar y repensar en el tema mucho tiempo hasta que estemos en tal estado de efervescencia que experimentemos la necesidad de desembarazamos de dicho asunto. Entonces es cuando llega el verbo, la verdadera inspiración”.
Verdad es -según anota Albalat- que no todo el mundo sigue el mismo procedimiento. Hay quien no puede escribir sin antes haber pensado mucho; otros, en cambio, sólo entran “en ebullición” sentados a la mesa de trabajo, “pluma en ristre”, ante las cuartillas.
En cuanto al tema o asunto, se afirma que la elección del mismo es muy importante. Y se recomienda que sea proporcionado a nuestras fuerzas. No depende, pues, el éxito de que un tema nos guste o deje de gustarnos, sino de que seamos capaces de desarrollarlo.
Albalat recomienda que elijamos “cosas verdaderas, vividas u observables”. La verdad, la vida y la observación -dice- son las condiciones fundamentales de toda obra literaria … Lo verdadero tiene como una fuerza contagiosa, la vida comunica vida, la observación sostiene al”verbos”, es decir a la inspiración.
Lo dicho vale incluso para los más fantásticos temas. Que el asunto sea verdadero, vivido y observable no quiere decir que la literatura, el arte de escribir, se acabe en el reportaje. Significa que la fantasía no se desboque, que hagamos posible lo imaginado. Lo que se recomienda es la verdad artística. Las narraciones de Edgar Allan Poe, por ejemplo, son fantásticas y, al mismo tiempo, dan la impresión de realidad, porque para su autor, la verdad, la vida y la observación estaban precisamente en sus delirios imaginativos.

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