El Arte de Escribir Valencia

LA HIPÉRBOLE

SuperHiperPlaya

La hipérbole.
Pedro H. Pineda /El Arte de Escribir

Es ésta una de las figuras más corrientes en el habla familiar y popular; es lo que vulgarmente se llama «exageración».

Ejemplos:
Te lo he dicho mil veces.
Vamos a paso de tortuga.
En el salón de actos no cabía un alfiler.

Son muchas las expresiones nuevas, fomadas por combinación de varias palabras -dice Kayser- que se aceptan por su impresionante hiperbolismo:
Guerra relámpago.
Supermercado.
Rascacielos.

La hipérbole se caracteriza porque ya no es una argumentación justificada ni preparada, sino «brutalmente lanzada». Su papel es el de lanzar al pensamiento en una dirección determinada, de modo que siguiendo esa dirección nos orientamos gracias al «choque» que la exageración produce en nuestro espíritu.
Si yo digo, por ejemplo, que «Pérez es un hombre capaz de derribar una montaña de un puñetazo», he expresado la enorme fuerza física de Pérez, sin necesidad de minuciosas descripciones. Lo cual quiere decir que con esta «figura retórica» se define algo exageradamente, siempre que el lector –o el oyente- comprendan el sentido hiperbólico; es decir, que den marcha atrás al pensamiento, quedándose en el límite «humano, posible y verídico» de lo hiperbólicarnente expuesto.

La hipérbole «juega» un papel decisivo en el chiste. No hace muchosaño s, corrieron por España unos chistes, conocidos por «tan-tan», cuyo resorte chistoso residía en la exageración llevada al límite y en el juego de palabras. Se decía, por ejemplo:

« Era un hombre tan alto, tan alto, que tenía una nube en un ojo.»
«Era un hombre tan delgado, tan delgado, que dormía sobre un alambre y se tapaba con una cuerda.»

Estos chistes tuvieron una vida efímera, porque la exageración, por sí misma, es incapaz de mantenerse mucho tiempo. Creer que la gracia reside sólo en la hipérbole es ignorar la esencia del buen humor.

En este peligro está cayendo el habla moderna: en el desprestigio por causa de la exageración repetida. Hoy, por influencia de la técnica publicitaria, se tiende al lenguaje hiperbólico; no se valoran las cosas, se «supervaloran» ; el café, para que sea tal, ha de llamarse «supercafé»; y el chocolate. para atraer a los golosos, se tilda de «extrasuperfino».

Los anuncios en los periódicos ocupan planas enteras. Todo lo que se anuncia es «grande», «excepcional», extraordinario» …

Pero el efecto de esta, digamos, elefantíasis publicitaria no es duradero. La exageración exagerada -valga la expresión- acaba por despertar la suspicacia del público. El hombre de la calle llega a dudar de que sea verdad tanta belleza, y acaba por comprar lo que le gusta y conviene sin necesidad de que se le atraiga con «precios de locura».

Aplíquese lo dicho al estilo literario y se comprenderá el riesgo que corre el escritor hiperbólico: que no se le crea.
El abuso del adjetivo, la tendencia a exagerar, la epidemia de «formidabilismo» (hoy todo es « ¡formidable! »), nos dicen que es preciso devolver al sustantivo su poder evocador sin necesidad de cargarlo con «superadjetivos».
Claro está que la hipérbole, bien manejada, o sea, con medida, es elemento esencial del estilo jocoso.

print

Agregar comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario