Hablemos del Islam

Vicente Torres

Algunas personas, cuya autoridad en el campo es cuanto menos dudosa, que el Islam es una religión pacífica y que los terroristas que se amparan en esta religión la interpretan mal.

Sin embargo, hay un punto de partida que contradice este aserto. En el Islam, Dios está por encima del bien y el mal. No es que le guste el bien y aborrezca el mal, sino que lo que le gusta a él es el bien. Esta es una lógica perversa que indica que esta religión fue ideada con el único fin de dominar a las gentes, cuantas más mejor.

Para profesar esta religión no hay más camino que el fanatismo, que lleva inevitablemente a toda suerte de desmanes.

La racionalidad, en cambio, conduce a cuestionarlo todo, lo que, a fin de cuentas, es el único modo de acceder a la verdad. Hay una costumbre perniciosa que consiste en que cuando se etiqueta a algo como religión ya se le abren todas las puertas, actitud que resulta muy peligrosa.

Todas las religiones han sido ideadas por seres humanos y si alguien alega que le ha sido revelada directamente por Dios hay que exigirle que lo demuestre. Partiendo de esta base, todas las religiones deberían ser analizadas y aquéllas cuya orientación se compruebe que no está dirigida a conseguir la mejora de sus seguidores en particular o de la humanidad en general no deberían ser autorizadas.

Como mínimo, hoy en día, si resulta dificultoso prohibir una o más religiones, al menos habría que catalogarlas como peligrosas y difundir un listado en la que constaran todas ellas, junto con los motivos por los que figuran en él.

Hay religiones, además, que dificultan o imposibilitan el progreso material y espiritual de los pueblos y de las personas, y esto además en los países civilizados debería ser considerado como delito.

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