Opinión

…y el tiempo en eternidad

Antonio Gil-Terrón

Pan sin gluten; mayonesa sin huevo; mantequilla sin leche; dulce sin azúcar; parto sin dolor; sexo sin amor; cristianismo sin cruz… Para los mercaderes, santones de la liturgia hedonista que barniza el mundo, no hay nada imposible.

Cuando todo se derrumba a nuestro alrededor y la cruz sale a nuestro encuentro, podemos adoptar tres posturas:

1ª) Correr en dirección contraria buscando horizontes de placer, como sí con ello pudiésemos escapar de la que nos va a caer encima. Es la postura de aquellos que se han dejado seducir por un cristianismo de diseño, burgués, tibio y amable; un cristianismo sin Cristo ni cruz.

2ª) Aceptar la cruz cuando se presenta, sumisamente y de una manera victimista. Sufrirla en silencio como algo inevitable. Vivirla con tristeza y resignación mal llevada.

3ª) Entender el auténtico sentido de la cruz y abrazarla, convirtiendo la amenaza en oportunidad; la ansiedad en paz; la rabia en misericordia; el rencor en amor… el dolor en fortaleza; la humillación en gloria; la muerte en vida; y el tiempo… el tiempo en eternidad.

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¡Corre!

 

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