Opinión

Personistas

Susana Gisbert

El otro día leía unas declaraciones que todavía me tienen en un estado tal que si me pinchan no sangro. Tal cual. Se trataba de una entrevista a una actriz y bloggera de pro que afirmaba sin despeinarse –eso nunca- que no era ni feminista ni machista, sino persona. Así como suena.

La cuestión es que la chica no solo se quedó más a gusto que un arbusto, sino que a buen seguro pensó que había hecho una frase memorable. De esas que se ponen en un recuadrito con su foto como una cita imprescindible.

La cosa tiene perendengues, no crean. Que me tiene pensando desde entonces. Por un lado, acaba de descubrir una clasificación tripartita de la humanidad: hay machistas, hay feministas, y hay personas. Ahí es nada.

Pero hay algo que debe saber la autora en cuestión y quienes piensan como ella. Y es que, por sorprendente que parezca, las feministas somos personas. Ojo, y los feministas también. Y no solo eso. No se puede ser los primero sin ser lo segundo. Se lo digo por experiencia.

Y aún hay algo más sorprendente. También los y las machistas son personas, lo crean o no. Por más que lo intente, no consigo imaginarme a un perro, un gato o un águila real siendo machista. Ni siquiera a un ficus o una albahaca. ¿Se imaginan a un cactus diciéndole a la cactus “quédate haciendo la fotosíntesis en la maceta mientras yo me voy a hacerme unos pinchos”? ¿Verdad que no?. Pues eso. Tampoco se puede ser machista sin ser persona. Y menos mal que no añadió lo de “persona humana”, muy querido por algunos todólogos, por más que sea imposible que una persona sea otra cosa que humana –aunque muchas carezcan de humanidad-.

Lo que tal vez desconozca la bloggera de pro es que fue precisamente el feminismo lo que logró que las mujeres fuéramos consideradas personas. Algo que no siempre ha sido así. Y no me lo invento yo, que ya el propio Aristóteles decía que las mujeres carecían de alma, el atributo que caracterizaba precisamente a las personas. Y que las primeras declaraciones de derechos se referían al hombre y al ciudadano, hasta el punto que una persona llamada Olympia de Gauges tuvo que hacer otro tanto respecto a los derechos de las mujeres.

También debió ignorar la circunstancia de que hasta finales del pasado siglo, las españolas éramos bastante menos personas que los españoles, ya que no podíamos ni salir de viaje sin permiso del padre o el marido. Y que fueron las personas feministas las que dieron todos estos pasos, para lograr precisamente los derechos que el machismo se empeña en arrebatarnos. Un par de precisiones de nada, vaya.

Y siguiendo con el análisis de tan sesuda cita, una vez descartada la tricotomía en la clasificación del género humano, nos quedaríamos con dos clases, según la opinadora: machistas y feministas. Como si se tratara de antónimos, cuando hemos predicado hasta la saciedad que no lo son. Pero como estoy generosa, ahí le dejo una ejemplo que tal vez contribuya a aclarar las cosas. Además de que el feminismo busca la igualdad que el machismo niega, o precisamente por eso, el primero es legal y positivo y el segundo ilegal y negativo. Lo que da lugar a que una asociación que promueve el feminismo sea admitida por la ley, y no lo sea nunca una entre cuyos fines se encuentre el machismo. ¿O alguien ha visto inscrita en el registro de asociaciones a alguna cuyo fin social sea “la dominación del varón superior sobre la inferior hembra”?

Pero parece que no es la única en inventar tan geniales dicotomías. Acabo de quedarme de pasta de boniato viendo la ocurrente camiseta que anuncia un establecimiento donde contrapone feminista a divertida. Optando, por supuesto, por lo segundo, que ya se sabe que donde haya unas buenas y superficiales risas lo de reivindicar derechos es una tontuna.

Así que, lamentándolo mucho, no hay por donde coger su teoría. Y conste que lo lamento no porque le vaya a dar un disgusto, sino porque una persona –sí, las blogueras también somos personas- con una considerable repercusión pública debería pensar un poco antes de hablar. Por supuesto, sin despeinarse. O despeinándose, que a las personas también se nos revuelve la cabellera de vez en cuando. Sobre todo, al leer determinadas citas, sea en pantalla o estampadas en una camiseta.

@gisb_sus

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