La inteligencia emocional, o el arte de la manipulación

«… pero con el transcurso de los años pudo más en mí la Luz que aquel lado oscuro que sibilino me susurraba palabras de amor sombrío»

Antonio Gil-Terrón Puchades

Los sentimientos y emociones que nacen del alma no obedecen a ningún patrón o lógica racional, sin embargo, y aquí viene la paradoja, no siendo racionales, son inteligentes. Tal vez sea por eso que es prácticamente imposible el tomar una decisión medianamente racional, cuando existe una alteración del estado emotivo. Así, cuando estamos emocionalmente perturbados, el pensamiento racional se bloquea, impidiendo que podamos actuar “inteligentemente”. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿Dónde radica la inteligencia?

El cajón de sastre

La cabeza piensa; el alma siente. Sin embargo la inteligencia (no confundir con el nivel de estudios o la cultura) no radica en la mente, sino en el alma. Tal vez sea por ello que cuando los psicólogos descubrieron que sus elaborados test, para evaluar la inteligencia de la persona, estaban llenos de huecos y lagunas, inventaron el “oportunista” término “Inteligencia Emocional”, un cajón de sastre en el que a partir de entonces meterían todo aquello para lo que no tenían explicación lógica. Este término se pondría de moda, a partir de 1995, con la publicación del libro de Daniel Goleman, “Inteligencia Emocional”.

La inteligencia Emocional venía a dar respuesta a la cuestión del por qué tras las personas que han marcado la Historia de la Humanidad, habían unos expedientes académicos “normalitos”, cuando no desastrosos. ¿Cómo era posible?

La respuesta estaba en que el triunfo social lo alcanzaban con más facilidad los genios de la Inteligencia Emocional, que los genios de la Inteligencia Racional.

La derrota del lado oscuro

Llevo guiándome por la Inteligencia Emocional, desde antes que los psicólogos supiesen que era “eso”. De hecho en el colegio, cuando era niño, nadie entendía cómo era posible que sacando un cinco pelado en los test de inteligencia clásicos, pudiese llegar a ser tan borde y manipulador. Menos mal que con el transcurso de los años pudo en mí más la Luz que aquel lado oscuro que sibilino me susurraba palabras de amor sombrío. Pero no hablemos de mí.

Aparentes mediocres que han marcado la historia de la Humanidad

Si nos paramos un momento a pensar en la biografía de los hombres que han marcado la Historia de la Humanidad, nos percataremos que intelectualmente eran personas grises y anodinas, pero que sin embargo llegaron a la cumbre del poder, y no siempre para bien.

Baste recordar que uno de los más carismáticos líderes del siglo XX, Adolf Hitler, fue un intelectual mediocre (si es que alguna vez tuvo algo de intelectual), y que en su paso por el ejército durante la Iª Guerra Mundial, no paso de cabo; es decir, solo un grado superior a soldado de a pie.

Pero curiosamente este “cabo” lió él sólito la 2ª Guerra Mundial. Y es que Adolf Hitler era un genio de la Inteligencia Emocional y como tal alcanzó la cima del poder absoluto, mediante la gestión y explotación, de los adormecidos sentimientos del pueblo alemán, utilizando para ello una estudiada puesta en escena en donde él era el actor principal. De este modo consiguió conducir a Alemania a un final tan emotivamente wagneriano, como apocalíptico.

De ángeles y demonios

Pero la Inteligencia Emocional es neutra en sí misma. Es como el fuego que no es bueno ni malo “per se”, e igual vale para calentar la sopa de un octogenario, como para que un pirómano queme una residencia de ancianos mientras estos duermen.

La Inteligencia Emocional no suma ni resta valores morales. Simplemente permite a quien la posee el alcanzar con más facilidad aquello que se proponga. La bondad o maldad del fin propuesto, será lo que marque la moralidad y ética del individuo que la posee.

La Inteligencia Emocional es un arte propio de ángeles y demonios en donde la tibieza brilla por su ausencia. Pero así como los ángeles huyen de alcanzar el liderazgo de masas, a los demonios es algo que les provoca erecciones en los cuernos. Es por ello que en la Historia de la Humanidad, nos encontramos con más facilidad a genios del mal que del bien. Genios del mal, auténticos genocidas, que dejarán escrito con sangre ajena, su paso por la Tierra.

El trampolín necesario

Tras un gran líder siempre encontramos un genio de Inteligencia Emocional; pero para que éste haya llegado hasta ahí, es necesario que previamente exista un clima social deprimido y descorazonado, hambriento de figuras mesiánicas que los saquen del callejón sin salida en el que se encuentran. ¡Qué peligro!

Ladrones de raciocinio

De un tiempo a esta parte, las ciencias sociales han empezado a preocuparse por este lado oscuro de la Inteligencia Emocional, llegándose a la conclusión que los líderes que manejan a la perfección las emociones propias y ajenas, pueden robarnos nuestra capacidad de raciocinio sin que nos demos cuenta. Y luego pasa lo que pasa.

Estos maestros de la inteligencia emocional, son expertos en el arte del populismo demagógico, por lo que en tiempos de crisis como los que vivimos en la actualidad, pueden subir como la espuma para luego terminar arrastrándonos a todos por el desagüe.

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