Opinión

Los diálogos de Timo y Teo: Tourist or Traveller?

Pedro Hermosilla

Viñeta de Luis García del Real

-Timo: Estoy rumiando en pegarme un viajito: he ahorrado algo este año y tengo un montón de días de vacaciones que me deben para gastar.

-Teo: ¿Por qué no te marcas un crucero? Ahora están tirados de precio, yo estoy pensando en contratar uno por el Mediterráneo: Siete días y ocho noches por menos de 1500 “europeos”.

-Timo: No, no…estoy hablando de viajar, no de hacer turismo.

-Teo: Pues vas a un montón de sitios con los cruceros esos…

-Timo: “Vas”, pero no “estás”.

-Teo: ¿Cómo no vas a estar?, ya estás tú con tus gilifilosofolleces.

-Timo: Hacer turismo es como ir a una biblioteca y mirar las tapas de un montón de libros, pero no leer ninguno. ¡Ah!, y si te puedes hacer selfies con todos ellos y subirlos a Facebook o a Instagram, mucho mejor…

-Teo: Ya me has encabronado, lo mejor es ir como vas tú, ¿verdad? Hecho un pordiosero para arriba y para abajo sin que nadie sepamos nunca ni por dónde paras ni cuándo vas a volver. Un día te va a dar por ahí un tabardillo y no se va a enterar ni el Tato.

-Timo: Eso, eso; a eso me refiero. El viaje es el recorrido más largo entre dos puntos, y ni siquiera te asegura llegar siempre a un destino propuesto. Y lo de pordiosero lo será tu madre: como donde me da la gana y te aseguro que no es ni “el desayuno continental” ni la “Cena Temática Mejicana en Calasparra” -sabiendo que en Calasparra al único mejicano que han visto ha sido a Cantinflas y por la tele-. Duermo donde me pilla cansado: a veces pensión, a veces hotel, a veces parque, a veces en la casa prestada de alguien que has conocido. Nadie me dice ni cuándo tengo que levantarme, ni adónde debo dirigirme cuando lo haga. Hablo con la gente de los pueblos y de las ciudades que voy visitando y te aseguro que son las mejores guías “turísticas” que existen; además son gratis y no es raro que se ofrezcan a servirte de cicerones. Esa gente sí que sabe los secretos de cada recoveco que pisas. Nadie como ellos para aconsejarte dónde comer o dónde dormir o qué ruta tomar hasta tu próxima parada. Te quedas más días en los sitios que te llaman la atención y te largas como alma que lleva el diablo de los bodrios. Cambias maravillosamente de planes y de destinos cada dos por tres, casi siempre para bien. ¿Mil quinientos euros una semana dices? Con ese pastizal me tiro de viaje un mes, al tiempo.

-Teo: Pues lárgate, Marco Polo, y a ver si hay suerte y no vuelves.

-Timo: Pues eso es lo que te estoy diciendo que quiero, tontarraco.

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