Opinión

Hacia un mundo mejor

Antonio Gil-Terrón

Como pueblo nos tranquilizamos pensando que los fantasmas del pasado no pueden regresar por la simple razón de que la sociedad actual poco o nada tiene que ver con la existente en tiempos pasados.

Pensamos, y con razón, que hemos crecido y madurado a nivel personal y social, por lo que es imposible que volvamos a caer en los viejos errores de antaño; pero al mismo tiempo olvidamos que tan solo es necesario un mes de hambre, sin electricidad, agua corriente, combustible ni comunicaciones, para que todo lo que hemos avanzado en civismo se pierda en un suspiro, mientras resurge en nuestro interior el lobo salvaje que llevamos dentro.

Todo eso es por lo menos lo que me dice el pensamiento, la lógica y la razón, sin embargo mi instinto de alma vieja, ese que nunca estuvo mediatizado por la mente, me indica que caminamos hacia un mundo mejor, y no porque estemos haciendo las cosas bien o lo merezcamos, sino porque aunque no lo parezca y a pesar de los pesares, cada vez somos más los que hemos crecido en fraternidad y amor; aquellos que en lo más profundo de nuestras almas sabemos que el empleo de la violencia podrá ser un remedio temporal, pero que nunca es la solución.

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