Opinión

Sobrinismo virtual

Susana Gisbert

Ya he contado otras veces lo enormemente afortunada que soy. Además de amigos y amigas convencionales, de los de toda la vida, de esos que una conoce del colegio, del trabajo, de la falla, del barrio o de cualquiera de esos espacios que llenan la vida, tengo otro tipo de amistades. O mejor dicho, de otra procedencia, porque la amistad de verdad no distingue clases.

Me refiero a las amistades virtuales. Las que se iniciaron por una relación vía redes sociales o grupos de chat y que acaban consolidándose tanto o más que las otras. Personas a las que veo físicamente poco por razón de distancia, o a las que incluso no he visto nunca porque aun no ha llegado el esperado momento de la desvirtualización. Pero a las que no obstante estimo y aprecio como si estuvieran tomando café a diario conmigo. Y, en cierto modo, lo hacen. Y hasta una copa o dos.

Pero como en la vida siempre de una cosa surge otra, tampoco iba a ser una excepción en este caso. Asi que si mis amistades virtuales tienen familia, acabo adoptándola como propia. Y viceversa. Y empieza a surgir el sobrinismo virtual.

Mis hijas ahora tienen más tíos y tías de los que tienen conciencia. Una red sobrinil por todo el mapa que me hace estar tranquila vayan a donde vayan porque siempre hay un teléfono en la agenda del que echar mano por ese “por si necesitan algo” que parece venirnos de serie a las madres –y supongo que a los padres, pero como nunca he sido padre, no lo sé con certeza-

Y viceversa. Me han salido sobrinos y sobrinas por doquier. Personajes de diversas edades de cuyas fotos, vídeos y andanzas diversas disfruto como si fueran parte de mi familia y cuyas cuitas me preocupan en la misma proporción. Y que, por supuesto, también tienen mi teléfono en su agenda “por si pasa algo”.

Y la familia crece, como todas las familias. Y acaba de hacerlo ahora mismo. Con lo que, de momento, no tendrá agenda donde anotar mi número. Pero con el tiempo, todo se andará. Seguro.

Así que, si empezaba estas líneas confesando lo afortunada que me siento, las terminaré diciendo que hoy lo soy todavía un poco más, con la llegada de un nuevo miembro a esta comuna virtual. Aunque los pobres sobrinillos a veces acaben agobiándose con tantos tíos postizos. Pero ya se sabe. La familia es lo que tiene.

@gisb_sus

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1 Comment

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  • Cuanta razón tienes. Yo me siento afortunada de ya sentirme parte de esa familia tan especial repleta de mujeres fascinantes. Un beso guapa.