Parchis
Opinión

Resiliencia

Pedro H. Pineda

Querido amigo:

Andaba yo buceando artículos en una revista mensual de educación, cuando me he topado con un “palabro” que desconocía. Casi se me cae entero el rosco de vino que estaba mojando en un vaso de leche, merienda habitual para los que, como yo, sólo estamos para “sopitas”. Inmediatamente abandono mis manjares y me voy en busca de mi Diccionario de la RAE. Busco el palabro y nanay de la China: no viene. Me digo: no puede ser. La revista y el autor del artículo son lo bastante serios como para meter una palabra furtiva. Mi diccionario debe estar caducado. Mira la fecha y… ¡2001! ¡Recontra, pues no es tan viejo! Y es que me había dejado llevar por la costumbre de acudir a mi “viejo” diccionario, en lugar de abrir el PC y echar mano del sabelotodo Google. Pongo el palabro en la correspondiente ventanita de búsqueda y va y me sale:

RESILIENCIA:

Del ingl. resilience, y este der. del lat. resiliens, -entis, part. pres. act. de resilīre ‘saltar hacia atrás, rebotar’, ‘replegarse’
1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Y claro, cuando a un servidor le explican el significado de una palabra, con la indicación de la procedencia, y la correspondiente etimología, se queda más tranquilo que un corderillo que se nutre de tres madres. ¡Pero! Me surge la duda. ¿Era necesario la importación de este “palabro”? Y me lo pregunto porque la segunda acepción se parece bastante a una de las propiedades de la materia, que estudiamos en Física, la elasticidad, que viene a decir:

“2. f. Fís. Propiedad general de los cuerpos sólidos, en virtud de la cual recobran más o menos completamente su extensión y forma, tan pronto como cesa la acción de la fuerza que las deformaba.”

Frente a esta “RESILIENCIA”, tendríamos en nuestro idioma multitud de palabras y frases que nos defenderían de esta invasión de anglicismos, verbigracia: adaptabilidad – flexibilidad – maleabilidad – temple – “estar a las duras y a las maduras”- “no hay mal que por bien no venga”- “resistir a las adversidades”- “no hay mal que cien años dure”- etc…

No obstante, el palabro ya se nos coló en la edición 23ª del R.A.E.,- la última por ahora- (el mío es la 22ª, ¡pues no es tan viejo!), y ya lo tenemos ejerciendo en distintas disciplinas:

Resiliencia (del verbo latino resilio, resilire: «saltar hacia atrás, rebotar») tiene varios significados, según el contexto:

• En ingeniería, la resiliencia es una magnitud que cuantifica la cantidad de energía por unidad de volumen que almacena un material al deformarse elásticamente debido a una tensión aplicada;

• En ecología, la resiliencia es la capacidad de las comunidades de soportar perturbaciones;

• En psicología, la resiliencia es la capacidad de las personas o grupos de sobreponerse al dolor emocional para continuar con su vida;

• En derecho, la resiliencia jurídica es la capacidad de las personas, dentro del marco general de los derechos humanos, de recuperar su estado original de libertad, igualdad, inocencia, etc. después de haber sido sometido a las acciones de fuerza del Estado.]

En fin, amigo, que habrá que ir acostumbrándose a utilizar el “palabro”; digo, la palabra, que ya es oficial. Amén. Doctores tiene la RAE y uno que es muy elástico, flexible, comprensible…, se adapta a todo lo que le echen. Además, tendré que ir haciéndome a la idea de que me queda poco tiempo para irme a una RESILIENCIA. Perdón: he querido decir RESIDENCIA.

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