Trinos y castigo

Susana Gisbert

La pasada semana leíamos con consternación como una tuitera era condenada por un trino –nombre que dan en algunos lugares a los tuits, y que me parece mucho más bonito- referido a Carrero Blanco. No era la primera vez y, visto lo visto, parece que tampoco será la última ya que, de un tiempo a esta parte, la jurisprudencia acerca del delito de enaltecimiento del terrorismo se está nutriendo masivamente de las acciones en redes sociales, sobre todo de esos famosos trinos.

No voy a analizar la sentencia. Ni siquiera voy a criticarla porque no es el lugar ni el momento adecuado y sobre todo porque en Dereecho todo es opinable. Pero sí que me gustaría hacer algunas reflexiones sobre la demonización de las redes sociales en general y de twitter en particular. Un trato que quizás no merezc el pajarito azul.

No se puede cerrar los ojos a la realidad. Y la realidad, a día de hoy, es que las redes sociales tienen un considerable impacto como medio de expresión y difusión de ideas. Y eso no es malo. De hecho, cada vez son más los organismos oficiales que cuentan con su propia cuenta de twitter y ya desde hace tiempo los medios de comunicación tradicionales se apoyan en este plataforma para hacer volar sus contenidos a lomos del pajarito azul.

Por supuesto, cada día, además de esos buenos usos a que hacía referencia, podemos encontrar en las redes verdaderas burradas y mensajes de pésimo gusto además de tonterías absolutamente preescindibles. Pero, ¿es esto razón suficiente para demonizarlas? Y, sobre todo ¿se tratan de la misma manera todos los contenidos?

No hay más que echar un vistazo a la panatalla para encontrar mensajes de todo tipo, desde xenofobia, feminismofobia, transfobia y toda clase de fobias imaginables. Y mal gusto a raudales. Y si se tuviera que proceder contra cada descerebrado que escupiera su bilis en las redes, no tendríamos tribunales suficientes aunque se quintuplicara su ya escasa plantilla.

Pero al lado contamos con muchas ventajas. La posibilidad de que cualquier persona o colectivo pueda hacer presión en defensa de sus derechos con un alatavoz con el que no contaría a la manera tradicional. Y ello es un instrumento que, bien utilizado, tiene una potencialidad extraordinaria. Por eso, quizás debería insistirse en educar para su buen uso y no acudir a la represión pura y dura.

Me da miedo el miedo. Que ante estas cosas haya quienes vayan huyendo de expresar sus ideas o de usar su libertad de expresión. Y eso no es bueno para una sociedad democrática. No todo vale, desde luego, pero a veces hay que revisar los límites entre lo tolerable y lo intolerable, entre en delito y el simple mal gusto. Y es más, plantearse que determinadas actuaciones pueden dar repercusión a cosas que, en caso contrario, pocos hubieran conocido. Y así, producir el efecto contrario: que la ofensa se revitalice cada vez que habla de ella.

Cuidemos nuestros trinos, sin duda. Pero que nadie olvide que el hecho de decir algo por twitter no magnifica nada. O acabaremos en la peor de las censuras: la autocensura.

@gisb_sus

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