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‘Hurricane’ inaugura en el Oceanogràfic el cine 4D más real

Los espectadores recibirán chorros de agua y corrientes de viento que simulan las condiciones meteorológicas de un huracán

El auditorio Mar Rojo acoge el nuevo cine 4D del Oceanogràfic de València, la mayor sala en España de esas características, con 192 asientos con efectos de luz, agua, aire y sonido en los que, desde abril, se podrán experimentar con los cinco sentidos los efectos de la naturaleza con “Hurricane”.

En la nueva sala de cine, en la que Avanqua ha invertido 1,3 millones de euros, ha acogido este miércoles el estreno mundial en cuatro dimensiones del documental del director británico Andy Byatt, que exhibirá durante dos años junto con el corto para público familiar “20.000 leguas de viaje submarino”.

Con “Hurricane”, Byatt ha condensado en veinte minutos un trabajo de cinco años persiguiendo tormentas por todo el mundo, que ahora presenta en una sala de cine en la que pretende “involucrar” al espectador, que recibe chorros de agua, corrientes de aire y golpes en los asientos y puede ver una película en 3D que incluye, además, desde efectos de luz y sonido hasta burbujas y espuma.

“El 4D da una nueva vida al cine y permite buscar nuevos públicos, sobre todo jóvenes”, ha destacado Byatt en la rueda de prensa de presentación de la película.

El cineasta, que ha trabajado para la BBC en producciones como “Planeta azul” y “Planeta Tierra”, ha confesado que la idea de “Hurricane” -con música de Yann Tiersen- se le ocurrió cuando se “escondía” de los huracanes mientras navegaba con su familia en el barco donde vivían.

Junto con los también directores Cyril Barbançon y Jacqueline Farmer, el británico se embarcó entonces en la búsqueda de financiación para su proyecto, con el que pretendía “no solo enseñar cómo se forman los huracanes, sino los cambios sociales y naturales que se producen antes, durante y después de su paso”.

Un año y medio después, ya con un presupuesto que rondaba los 7,5 millones de euros, el equipo se puso a trabajar con la idea de “grabar una sola tormenta pero desde el ojo del huracán”, aunque eso resultó ser “algo increíblemente difícil” y Byatt y los suyos pasaron “dos años llegando tarde” cuando se detectaba una tormenta.

“Por ejemplo, pudimos llegar al huracán Sandy, pero solo para grabar la destrucción que había dejado a su paso”, ha explicado el director, que se ha referido a la grabación de las consecuencias de la tormenta como “muy fuerte y dura emocionalmente”.

Por ello, aunque en la película se narra la formación del huracán Lucy, la producción recoge momentos de cinco tormentas diferentes, grabados con equipos humanos “de hasta cinco o diez personas máximo” y con cámaras adaptadas a las difíciles circunstancias de rodaje.

Con cámaras que hacían volar con globos de helio, sistemas de espejos, mecanismos giratorios para secar las lentes y cámaras subacuáticas, el equipo rodó en el ojo de los huracanes, en helicópteros que los sobrevolaban, e incluso bajo las olas generadas por las tormentas, siguiendo la máxima de interferir lo menos posible en la naturaleza.

“Las cámaras iban a veces mejor protegidas que el equipo humano, que solo llevaba cascos de bici”, ha recordado el director, que ha agradecido el “coraje” de los operadores de cámara, entre los que se encontraba su propio hijo que, con 19 años, comenzó a perseguir huracanes con su padre.

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