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Opinión

El final del individualismo romántico y el triunfo de la ‘tiranocracia’

Antonio Gil-Terrón

Abundando en lo publicado ayer sobre la proclamación unilateral por parte de la ONU del 20 de marzo como Día Internacional de la Felicidad, y el descarado despropósito que dicha proclamación supone en un mundo donde el suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte de los jóvenes entre 15 y 29 años, uno podría pensar que o bien nuestros dirigentes se han vuelto locos, o bien que en lugar de poner los medios necesarios para solucionar los problemas que angustian y deprimen a los ciudadanos, especialmente a los más jóvenes, han optado por burlarse de ellos instaurando el Día Internacional de la Felicidad.

¿La felicidad de quién? ¿De la casta dirigente? Porque no creo que se refieran a la felicidad de aquellos que víctimas de las guerras civiles promovidas por bastardos intereses económicos, por perderlo todo, han perdido hasta la esperanza.

¿La felicidad de quién? ¿De la casta política? Porque tampoco creo que cuando hablan de celebrar la felicidad se refieran a la de todos aquellos ciudadanos de nuestro civilizado Occidente, que ya han hecho realidad el viejo chiste de Gila: “En mi casa comer no comemos, pero nos reímos mucho”.

Porque lo cierto es que Occidente ya no es lo que era, o lo que podría haber sido. Ahora todo está medido en base a los límites de la paciencia ciudadana. Vuelta de tuerca, descanso, y otra vuelta de tuerca hasta que los testículos sociales se pongan color grana.

Vueltas de tuerca pero siempre en la misma dirección: la que aprieta y estruja hasta la castración. Porque al final de eso es de lo que se trata; de tener una ciudadanía adoctrinada, tibia, adocenada, capada, sin huevos ni capacidad de reacción.

Pero lo cierto es que estos individuos que dirigen el Mundo, ni están locos ni dan puntada sin hilo.

El “okupar” por decreto todos los días de año con un batiburrillo de conceptos que rayan lo bufo, carentes de orden ni concierto, no tiene más fin que el de hacer desaparecer de la memoria colectiva occidental, el tradicional calendario de las celebraciones cristianas y su trascendencia. Así de simple.

Esta “tontería” del Día Internacional de la Felicidad, no es ninguna gansada deslavazada, sino que es una pieza ideológica más del engranaje que sustenta EL NUEVO ORDEN MUNDIAL:

1. Un Nuevo Orden político Mundial controlado por unos pocos.
2. Un Nuevo Orden económico Mundial en beneficio de unos pocos.
3. Un Nuevo Orden legislativo Mundial al servicio de unos pocos.
4. Un Nuevo Orden militar Mundial para defender a unos pocos.
5. Un Nuevo Orden religioso Mundial encabezado por la Iglesia de la Climatología y sus payasos apocalípticos.

En otras palabras, una dictadura a escala mundial que para triunfar necesita exterminar cualquier atisbo de espiritualidad en el ser humano, mediante el vaciado de la conciencia social de todos aquellos valores y principios tradicionales que hicieron grande a Occidente, para posteriormente sustituirlos por otros que, con la excusa del bien común, ninguneen y anulen cualquier vestigio de individualidad e independencia intelectual en el hombre, creando una Humanidad aborregada y sin capacidad de reacción, doblegada y servil ante un único y todopoderoso Estado, en donde todo esté medido, programado y rentabilizado en base a unas tablas de eficiencia; desde el nacimiento hasta la muerte de cada individuo, como si de una granja de gallinas ponedoras se tratara.

No, si tontos no son; pero tampoco pensemos que son unos lumbreras, porque tampoco. Simplemente son, bufones del diablo preparando la puesta de largo del Anticristo que entre bastidores ya su rostro asoma.

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