Mujeres en paro

Susana Gisbert

Es el Día de la Mujer. Ese día al que por fin quitaron el apelativo de “trabajadora” por innecesariamente redundante. ¿Acaso no somos trabajadoras todas las mujeres, independientemente de que nuestro trabajo se desarrolle fuera o dentro del hogar o en ambos a un tiempo?

En esta ocasión se ha propuesto un paro con carácter mundial, un pequeño gesto de media hora –o una- en que las mujeres dejen de hacer todo lo que estamos acostumbrados a que hagan. Casi nada.

No sé si lo notaremos. Y también ignoro si seremos capaces de hacerlo, ni si se secundará oficial o extraoficialmente o se notará. Pero por lo menos que sirva de reflexión.

Para la mayoría de las mujeres “no hacer nada” es un verbo de imposible conjugación en primera persona. Solemos simutanear múltiples actividades. Y no por qué, como reza el estereotipo, seamos capaces de hacerlo por una cuestión biológica, por el contrario de lo que ocurre a los hombres. Más bien porque no nos queda otro remedio, como una condena bíblica. Y tal vez, siguiendo las leyes de la genética, la necesidad crea el órgano y por eso hayamos desarrollado esa capacidad de multiplicarnos hasta el infinito y más allá. Habrá que buscar un nuevo Mendel para estudiarlo. O una nueva Mendel, qué narices.

Reconozco que yo no estaba cuando repartían los chips al nacer. No sé dónde andaría, pero desde luego no me implantaron el gusto por las tareas domésticas, por el cuidado de los hijos ni nada parecido. Debía andar desorientada como siempre, no sé si por el hecho de ser mujer o por una característica propia, ya que según reza el estereotipo, las mujeres no sabemos leer los mapas. Y esto lo cumplo a pies juntillas. Pero, eso sí, llegué justo a tiempo de que me colocaran el chip del gusto por la ropa femenina, por arreglarme, maquillarme y, cómo no, por los tacones. Aunque no sé por qué tiene que ser exclusivamente femenino. Ni obligatorio. No se es menos mujer sobre un zapato plano.

La cuestión es que lo del paro femenino va a ser un buen gesto, pero no sé si va a ser posible. Las personas a las que cuidan muchas mujeres seguirán requiriendo cuidados, la vida seguirá adelante y las urgencias seguirán existiendo. Y es que el paro debería ser de todas y todos para ser efectivo. De poco sirve que la camarera no sirva en el bar si lo hace el camarero, ni que la taxista no nos lleve al destino si lo hace el taxista, ni que deje de hacer otro tanto la médica o la bombera.

Así que voy a hacer una propuesta. Para este año o para el próximo. Si las mujeres paramos, que los hombres hagan otro tanto. Que ayuden a visibilizar la necesidad de las mujeres en vez de suplirlas. Porque, en cuaquier caso, en media hora no se van a dar demasiada cuenta de la carga que muchas llevan sobre sus hombros.

Ojala pudiéramos utilizar este paro como una medida de visibilización. Para que fueran días de las mujeres todos los días del año, y no solo el 8 de marzo.

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