Opinión

Expresiones que no me gustan

Juan E. Daroqui / ECONOMISTA

Hay expresiones o palabras que a mí no me gustan y por eso ni las uso ni lo pienso hacer.

Una de ellas es “no, lo siguiente”, no me gusta nada.

Oigo esto, por ejemplo, cuando me hablan de alguien y me dicen, “ese tío me cae mal, bueno no, lo siguiente”. ¿Y qué es lo siguiente?, ¿si lo ves lo insultas?, ¿lo abofeteas?, ¿le partes las piernas? o ¿lo abres en canal con un cuchillo desafilado y oxidado?. ¿Hasta donde llega “lo siguiente”?.

No sé a quién se le ocurrió el giro pero no me gusta, es como no saber buscar un superlativo. “Me gusta mucho no, lo siguiente”, pues es más fácil decir me gusta muchísimo. No sé, no le veo la gracia y ya está.

Ocurre como con la muy de moda “posverdad”, que viene del inglés post-truth y denomina a lo “relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Vamos, lo que siempre se ha llamado en castellano “mentira cochina”.

El ejemplo evidente lo tenemos en el mitin que dio el otro día el inefable (¿qué querrá decir inefable?) Donald Trump, en el hangar de un aeropuerto, hablando del ataque terrorista cometido en Suecia, cuando en Suecia no había ocurrido nada de nada.

Pero a los centenares o miles (no tengo ni idea de la cantidad de gente que había) de espectadores de Donald, les daba exactamente igual que fuera verdad o mentira, lo decía Donald y con eso les vale. Como si dice que Obama es el fundador del ISIS, o que el hombre nunca llegó a la luna, se lo creen y punto, palabra de Trump.

Esto se está instalando cada vez más entre mucha gente a la que le gusta oír lo que quiere que le digan, independientemente de que sea verdad o mentira, es más importante que te suene bien lo que te dicen que el que sea cierto. Y esto tiene que ver mucho con lo que llaman el “suelo electoral” de los partidos políticos. Porque el suelo electoral es la cantidad de personas que vota a un partido independientemente de lo que haga el partido o sus miembros.

Guillermo Fesser (no sé si goma o espuma de dúo Gomaespuma) hacía un reportaje el otro día, entre votantes de Donald, donde salían americanos criticando las primeras decisiones del presidente Trump pero, cuando les preguntaban si lo volvería a votar, decían que sí, “pero si se está equivocando” les decía, “da igual” le respondían.

Aquí parece que el suelo electoral de la derecha es mucho mayor que el de la izquierda, como si a unos votantes les diera igual lo que haga su partido preferido, lo votarán pase lo que pase. Sin embargo hay otra gente que prefiere no votar, a votar a quien le parece que lo hace mal.

Esto ¿es bueno o es malo?, pues no lo sé, lo que sí sé es que de esta manera siempre ganarán los mismos, y esta es la verdad, no la posverdad.

@Rutiguer_JED

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