Opinión

Científicas

Susana Gisbert
Esta semana se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer y la Niña Científicas. Un poco largo, desde luego, algo que las redes sociales soclucionaron con el hagstag #MujerYCiencia, mucho más visible aunque menos expresivo. La sociedad de la información es lo que tiene.

La verdad es que ha sido una buena ocasión para aprender y, para los ya iniciados en la búsqueda de esas mujeres que nos hicieron cada vez más iguales, para seguir aprendiendo. Desde la antigua Grecia a la actualidad, muchas mujeres han hecho aportaciones fundamentales cuya madre ni siquiera conocemos. Mujeres en la Edad Media, en la Ilustración, en el Renacimiento, mujeres científicas silenciadas por la Guerra Civil, mujeres que quedaban ocultas tras sus maridos, sus mentores o sus padres, mujeres a las que se negó el Nobel o una cátedra por el hecho de serlo, mujeres que se daban golpes contra el techo de cristal una vez y otra, y se lo siguen dando. Pensemos en que la científica por antonomasia, Marie Curie, es mundialmente conocida por el apellido de su marido, sin ir más lejos. Y lo peor son todas esas mujeres que nunca hicieron las grandes aportaciones a la ciencia del que su intelecto era capaz porque las circunstancias se lo impidieron.

Y no es algo del pasado. Aunque las cosas han mejorado, todavía hay que hacer un esfuerzo por visibilizar a las que tanto hicieron, y por dar oportunidades a las que llegan. Hay que superar, como en cualquier carrera, los problemas de la conciliación y los estereotipos, quizá más arraigados en las ciencias, con ese simplismo que atribuye a las hombres mayor facilidad para las ciencias y a las féminas para las letras.

Aprovechemos días como éstos para seguir reinvindicando esos derechos que las mujeres no acabamos de logar de facto, aunque las leyes sí que los contemplen, al menos en nuestro país. Y, con ello, no olvidemos que las ciencias no solo son las que se realizan con miscroscopio y bata de laboratorio. También las ciencias sociales, o jurídicas, requieren atención y medidas.

Hay quien se opone a la existencia de estos días temáticos. Quien, incluso, habla de pérdida de tiempo y hasta de discriminación respecto de los hombres. Pero no hay más que echar una ojeada a la historia, y a las estadísticas más actuales, para comprobar que las niñas siguen sin decidirse a entrar tan de lleno en el campo científico, y que las mujeres que despuntan o son reconocidas son muchas menos que los varones. Y eso en nuestra sociedad supuestamente igualitaria, que en otras los obstáculos son mucho mayores. Por eso hay que aprovechar oportunidades como ésta.

Así que ahí va mi pequeño homenaje a todas las mujeres presentes, pasadas y futuras que investigan para mejorar nuestro mundo. No estaría de más investigar la manera de ponérselo más fácil.

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