Opinión

El escritor incongruente

Vicente Torres

Un juez que había sido apartado de la carrera judicial tenía que dar una conferencia en cierto sitio y los organizadores propusieron a cierto escritor, en la actualidad fallecido, que fuera el presentador del acto.
Este escritor, cuyo abanico de amigos y conocidos era muy amplio, me pidió consejo sobre el particular y se lo di con franqueza, diciéndole que no debía hacerlo. Le mostré varios hechos del ex juez, que estaban en la red, pero que él desconocía. Ni me informó de la decisión que había tomado, ni me dio las gracias. De donde deduje que desconocía las leyes de la ética y de la cortesía.Tenía una destreza innata para la escritura y un bagaje cultural amplio, cuestiones ambas que daban a entender que su C.I. podía ser muy alto. No era así, cosa que se podía comprobar si se examinaba con detenimiento lo que hacía, decía y escribía.
Un día coincidí con él en un acto y al finalizar me dijo que se iba a tal sitio, haciendo evidente la intención de que me permitía que le siguiera. Su falta de penetración psicológica y su escaso, por no decir nulo, interés por respetar al prójimo volvieron a quedar en evidencia. Podría haber dicho: ¿me acompañas? No todo el mundo sabe comportarse como una persona, porque, evidentemente, no ha logrado tal condición.
Su adscripción a la extrema izquierda no se debía más que al autoengaño. Esos supuestos valores que pretendía haber asumido le importaban un bledo. Jamás dejó de ser un señorito consentido y caprichoso. Su elección política, lejos de estar motivada por motivos éticos o morales, le servía más bien como subterfugio para disfrazar sus odios y despechos con vestiduras aparentemente decentes. Estuvo jugando al escondite, escondiéndose de sí mismo, hasta el último instante. De existir ese Dios en el que no creía le habrá perdonado.
print
Comentarios

1 Comment

Haga clic aquí para publicar un comentario

  • Te leo tarde. No deja de ser cierto lo que dices, no caduca, no pasa.
    Yo también he tenido experiencias con personas a las que atribuyes más valor por sus actos, del que realmente demuestran cuando te acercas. Es la decepción. La decepción de perder la sensación de cercanía, de afinidad, lo que más afecta. A mi, al menos.

Buenos días


La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

RÓTULOS CARDONA

Sígueme en Twitter