Ah, de Facebook

Vicente Torres

Iba hablando por el móvil cuando lo vi sentado en la terraza de un bar, en compañía de otras personas. Interrumpí por un momento la conversación para saludarlo, y lo hice diciendo su nombre y apellidos. Ah, de Facebook, respondió, como despreciando. Seguí mi camino retomando la conversación telefónica.

El elemento había tenido momentos de proximidad conmigo, pero poco a poco nos habíamos ido alejando. Transcurrido más de un año de ese encuentro casual lo volví a ver, esta vez de pie, entre otros amigos, en la puerta de un bar. Tenía la mirada seria, como si fuera el macho alfa del grupo. Pasé por delante de él, mirándolo fijamente, pero ni siquiera me devolvió la mirada. Pero ahora yo ya sabía los motivos de su des afección porque había visto algunas parrafadas suyas en ese Facebook de sus desprecios y pude calcular que su voto estaba entre Compromís y Podemos y, quizá como mal menor el PSOE.

Si hace poco me referí a esos seres fantasmagóricos que pululan por el mundo, en esta ocasión el protagonismo es para esos tipos de índole caprichosa, cuyo criterio moral o político es voluble e insostenible. Estos tipos suelen ser agresivos y se sirven de esa agresividad para hacer valer sus propuestas u opiniones, que hoy pueden ser unas y pasado mañana otras.

En el caso del sujeto al que me refiero, sus parrafadas, colocadas con grandilocuencia y aires de solemnidad, suelen bordear, cuando no traspasar claramente, lo legal o constitucional.

La socialista es una ideología razonable y respetable. Otra cosa es el PSOE. Resulta difícil aceptar que socialistas convencidos puedan votar a este partido. Compromís y Podemos no deberían ser legales. Son partidos cuyos fines últimos atentan contra el orden constitucional, aunque esto no figure en sus estatutos. En su forma de actuar sí que se nota claramente.

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