Mujeres en marcha

Susana Gisbert

Este fin de semana, a propósito de la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos de América –que no de América, que es mucho más que eso- multitudes de personas marcharon, convocadas por mujeres, no solo en Wáshingthon, sino en diversos puntos del planeta, para plantar cara. Plantar cara a la cercenación de derechos, a la discriminación, a la insolidaridad, al machismo y a cualquier tipo de discriminación. Las mujeres tomaron las calles –y las redes sociales- para defender los derechos de todos. Y a ellas se unieron muchos más: hombres y mujeres dispuestos a no resignarse.

Vienen tiempos duros. La campaña electoral del ya presidente daba claras señales de por dónde irían los tiros y, a pesar del moderado optimismo de quienes pensaban que relajaría el mensaje, las cosas fueron por donde cabía esperar. De hecho, ya la propia web de la Casa Blanca ha eliminado el idioma español y referencias al colectivo LGTB o el cambio climático. Desazonador, por más que fuera esperable.

Pero estas marchas, de algún modo, devuelven la esperanza en el ser humano. En un ser humano que no se resigna, que no se rinde sin luchar, y que plantea sus reinvindicaciones lejos de toda violencia. Convocados y encabezados por mujeres, pero no solo mujeres.

Es necesaria la unión de quienes no estemos dispuestos a ceder un ápice de los derechos arañados gota a gota, cacho a cacho. No vale conformarse, callarse ni quedarse en casa, dormitando en la zona de confort y esperando que sean otros u otras quienes alcen su voz. La voz la tenemos que alzar todas las personas, sin dejar un resquicio al conformismo. O nos arriesgamos a dar pasos atrás en ese camino para ser cada vez más iguales.

Vienen tiempos duros, sí, pero hay que lidiar con ellos. Y no nos cabe otra que seguir haciéndolo. Ques estas marchas no sean más que el principio de un movimiento continuo en pro de los derechos de todos, en especial de los más vulnerables.

Que el espíritu permanezca, y que no quede en algo puntual del día de la toma de posesión del presidente. Su mandato continúa y con él la reinvindicación también debe continuar. Porque resignarse es ceder.

Continuemos adelante sin miedo. Como dice una buena amiga, la razón solo tiene un camino. Y por ése es por el que hay que seguir marchando. ¿Quién se une?

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