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Opinión

La armonización en los aforamientos como excusa

Diego Fierro Rodríguez

 

El acuerdo entre el PP y Ciudadanos incluye una serie de medidas que tienen por objeto la regeneración democrática. Entre las ideas que se encuentran recogidas en el texto del pacto está la relativa a la supresión de los aforamientos, que, siendo una figura que implica la asignación a ciertos órganos jurisdiccionales de los procesos que afectan a determinadas personas, se consideran un obstáculo para poder desarrollar adecuadas actividades procesales en el ámbito penal contra ciertas personas. Según Rodrigo Tena Arregui, el aforamiento “implica alterar las reglas de competencia judicial penal (objetiva, funcional y territorial) en beneficio de determinadas personas, que tiene derecho a ser encausadas y juzgadas por determinados tribunales previamente señalados”.

El Gobierno, según se comentó, iba a impulsar la supresión de los aforamientos. Sin embargo, Soraya Sáenz de Santamaría indicó que es mejor acordar la eliminación de los aforados fijados en los Estatutos de Autonomía antes de proceder con la reforma de la Constitución y de diversas leyes que se refieren a los aforados estatales.

Resulta encantador que ahora haya que esperar a que las Comunidades Autónomas reformen sus Estatutos de Autonomía. Con el ritmo actual, existe la posibilidad de que el siglo que viene sigan existiendo los aforados en España.

Por la cantidad de aficionados a los experimentos normativos en el Gobierno y en el Parlamento, es verdaderamente extraño que no se haya valorado debidamente la posibilidad de reformar la Constitución para modificar el estatuto de los miembros del Gobierno y parlamentarios y para incorporar la prohibición expresa del aforamiento en el Título VI, que regula el ejercicio de la potestad jurisdiccional. Con este simple acto, se podría aplicar el tercer apartado de la Disposición derogatoria de la Constitución, que indica que “Asimismo quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a lo establecido en esta Constitución”.

Más hace el que quiere que el que puede. Eso siempre se demuestra por la vía de los hechos.

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