Al modo del Che

Vicente Torres

La estirpe del Che, de remoto origen riojano, tiene espíritu aventurero y se aposentó en Mendoza. Su rama más cercana, enriquecida, se desplazó a la capital, Buenos Aires. El Che, llevado por ese congénito espíritu aventurero, saltó a Cuba y habilitó un personaje, del cual, aun queriendo, si es que quiso, no pudo salir. Pero ese personaje en el cual quedó atrapado pudo ser su auténtica realidad. Esas entrañas llenas de odio, esas ansias de matar, no corresponden a un personaje ficticio.

Un personaje español, muy contenido y lleno de lógica en su día, dando muestras siempre de una gran erudición y de una inteligencia extraordinaria, cambió de formato en un momento dado, y también daba la impresión de que se había introducido en un personaje, ideado para el caso, lleno de agresividad y con tendencia al insulto y la descalificación personal. La tentación consistía en pensar que el auténtico es el primero y que este segundo es una impostura que abandona en cuanto se recluye en su ámbito privado.

Tiene una hermana mucho más limitada en lo que a la inteligencia se refiere, de tal modo que si uno puede vivir de su cultura y su talento, la otra necesita, o eso parece creer ella, hacer la pelota y arrimarse a quienes le den buena sombra.

Los hermanos no siempre heredan los mismos genes, o por lo menos en este caso, casi todo el talento ha ido a uno. No hay punto de comparación en este caso.

Pero tenía que haber algo en común entre ambos y al final ha resultado ser el odio. Quizá ambos lleven el odio en las entrañas. Claro que esto no se puede deber a los genes, sino que no puede surgir más que de la mimética. En un ambiente supuestamente pacífico el odio no se puede mostrar así como así, necesita una justificación. Fuera del entorno de la justificación esos dos han de disimular ese odio que les quema por dentro.

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