Opinión

Idolatrar a alguien

Juan E. Daroqui / ECONOMISTA

Se han producido dos muertes recientemente muy dispares pero a la vez con una liturgia un tanto parecida. Se han ido de entre nosotros Rita Barberá y Fidel Castro, que como todos sabemos muy bien eran, ideológicamente, polos opuestos.

Sin embargo ha habido reacciones muy similares en ambos casos. Si bien la muerte del Comandante ha sido muy celebrada por muchos, como la disidencia de Miami, creo que la muerte de la exalcaldesa no la ha celebrado nadie, o casi. Pero el sentimiento de pena y su demostración sí que ha tenido muchas cosas en común.

En ambos casos riadas de personas han hecho cola de más de una hora para estampar su firma o su frase en el libro de condolencias. En ambos casos se han realizado funerales multitudinarios en memoria de los fallecidos. En ambos casos, a sus fieles o seguidores les da bastante igual los errores que pudieran haber cometido en vida. Una vez muertos se les perdona todo.

¿Por qué?.

Pues la verdad es que no tengo ni idea del porqué. El caso es que hay seres humanos necesitados de tener ídolos, en la política, en la música o en el deporte. Los que idolatran a alguien se vuelven irracionales y hagan lo que hagan sus ídolos les da igual, ellos siempre los tienen en un pedestal.

Fidel Castro hizo cosas buenas y cosas muy malas, Rita Barberá hizo cosas buenas y cosas malas (no tan malas como las que hizo Fidel), pero a sus incondicionales las cosas malas no les afectan. Los que firmaron en el libro de condolencias que el Ayuntamiento puso a su disposición seguro que la habían votado siempre, y la seguirían votando aunque hubiera sido declarada culpable de la investigación que estaba llevando el Tribunal Supremo.

Este tipo de seguidismo no lo entiendo de ninguna manera. Como tampoco puedo entender que unos adolescentes se pasen muchos días haciendo cola para ver a un niñato cantar, o hacer como si canta. Y que haga lo que haga encima de un escenario les parezca bien aunque claramente les estén tomando el pelo. No sé si es falta de cultura, falta de criterio o qué es lo que les falta. ¡Y qué decir del fútbol!, donde hay gente que pierde la cabeza por ver o animar a un equipo, o pierde la vida por darle una paliza a los seguidores del equipo contrario.

Hay ámbitos en los que no ocurre eso. Desde luego que hay grandes escritores, o grandes economistas o grandes investigadores y que tienen también un gran número de seguidores. Pero no son idolatrados de la misma manera que en los casos antes expuestos, y que en muchos casos han pasado del éxito al olvido por haber hecho o dicho cosas que no debían.

No sé cómo se puede hacer horas de cola para honrar (no sé si honrar es la palabra adecuada) a alguien con quien no has hablado en la vida y tan solo lo has visto por televisión o en los periódicos.

Todos tenemos personas a las que admiramos y respetamos, por suerte, pero eso de las adhesiones incondicionales yo no lo entiendo.

Desde luego no le encuentro ninguna gracia a eso de tener ídolos, puede que el raro sea yo.

@Rutiguer_JED

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