Opinión

Las 7 maravillas del mundo

Pedro H. Pineda

No sé si son siete, querido amigo, o recientemente han añadido alguna más a las “7 maravillas del mundo”. No quiero marearte porque no es mi intención hablarte de grandes monumentos, pero sí de maravillas, y no de grandes, sino de pequeñas. Esas que están al alcance de nuestra mano y que son gratuitas.

Esta tarde, mientras estaba asistiendo a la Santa Misa, he contemplado una escena que me ha llenado de gozo y felicidad. Una señora, situada en el banco de delante, estaba acompañada de un niño pequeño, que debía ser su nieto. Éste, como todos los niños de su edad, respiraba vitalidad por sus cuatro costados, por los cuatro de su abuela, y por los demás costados de todos los que estábamos a su alrededor. Y por primera vez, querido amigo, no me he sentido en ningún momento molesto. ¿Por qué? Lo vas a entender, amigo.

Mira, cada vez que el niño cervatillo ejecutaba su pirueta, su gracieta, su carrerilla a lo largo del banco, inmediatamente regresaba al lado de su abuela, la abrazaba, la besaba, le hacía mimos, como pidiendo perdón por sus pequeñas travesuras. Y como si quisiera hacernos cómplices a mi esposa y a mí, que contemplábamos la escena en el banco de atrás, nos lanzaba una sonrisa que era todo un mensaje. Como si nos dijera, “yo soy así, pero me doy cuenta de que a mi “abu” no le agrada mucho como me porto. Por eso le abrazo, y le beso, y le mimo tanto”. De modo que, detrás de cada travesura, de la consabida pícara sonrisa, ha habido un guiño de ojo por mi parte, firmando la complicidad que se me estaba demandando por el chiquillo.

A la hora de “darnos la paz” el chaval era casi de la familia. Y al terminar la ceremonia no he podido resistir la tentación de charlar un ratito con nuestro nuevo amiguito. ¡Una delicia, querido amigo, porque el niño travieso parecía ahora como si tuviera un viejo dentro de su cuerpo! Resulta que su abuela era una antigua conocida y nos ha explicado el por qué de los “nervios” de su nieto. Se debe, según ella, a que el niño tomaría este curso la Primera Comunión. Le he preguntado al niño:

– ¿Rafa, cuando tomas la comunión?
– En el mes de Mayo
– ¡Uy!, ya queda muy poco -le contesté.
– ¿Pocooooooooooo?

Y me ha contado con los deditos de su mano, los muchos meses que hay de noviembre a mayo, como queriéndome demostrar el por qué de su nerviosismo…

Las pirámides de Egipto, el coloso de Rodas… las modernas, Machu Picchu, el coliseo de Roma… son maravillas de este mundo, pero…

¿Hay algo más maravilloso que la sonrisa de un niño?

 

 

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