El Génesis del mal

Antonio Gil-Terrón 

«Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; varón y hembra los creó…» [Sagrada Biblia, Génesis 1:27].

Y el varón, machista él, pintó a Dios como un varón, con todas las virtudes y defectos de éste, pero a lo grande; enorme; gigantesco.

Y lo pintó hierático, sentado en un lujoso y descomunal trono, como a un imponente anciano de pelo blanco y larga barba, por aquello de su eternidad. ¡Cómo si Dios estuviera sujeto a las leyes físicas del envejecimiento!

“Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya…” Y el varón se adueñó del término hombre y se preguntó: – ¿Pero cómo es el hombre…? Y respondió: – El hombre es orgulloso, envidioso, celoso, vengativo, cruel, avaricioso, violento, rencoroso, inestable, vanidoso… y a veces, solo a veces, el hombre es bueno, generoso y misericordioso.

Y el hombre pensó: – Pues si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, Dios debe de ser como un hombre pero colosal; a lo grande; con todos sus rasgos humanos elevados a la enésima potencia…¡Titanico!

¿Y la hembra…? ¿Qué pasa con ella? La hembra no puede ser igual que el hombre (varón); hasta ahí podríamos llegar. Digamos pues que ella salió de una costilla del varón, que es débil y origen del mal en el Mundo.

Lo cierto es que en el primer libro de la Biblia podemos leer dos versiones contradictorias sobre la creación de la mujer, y claro, solo una puede ser cierta, ya que Dios no puede ser contradictorio.

No niego que en el Antiguo Testamento haya inspiración divina, porque la hay; pero gazapos interesados y sectarios de pata negra que dan una visión sesgada de Dios, también los hay y además son legión. (Por afirmar esto en tiempos de mi bisabuelo, hubiese terminado ahorcado y mis restos en la hoguera).

Y tuvo que enviar Dios a su Hijo, para aclararnos que Él es Dios Padre de Amor y Misericordia y que todos somos sus hijos; que todos somos hermanos e iguales; varones y hembras; todos sin importar la raza o el color de la piel.

«Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; varón y hembra los creó…»

Dios creó al hombre dotándole de un ESPÍRITU INMORTAL Y LIBRE, a semejanza de Él. Esa y no otra, es la SEMEJANZA.

El Bien y el Mal no son entes personales e inteligentes, sino opciones inmutables, y no sujetas a modas, entre las que poder elegir desde la libertad; desde el libre albedrío.

Aquellos que atacan a Dios, se cogen -como a un clavo ardiendo- a esa visión antropomórfica que de Él da el Antiguo Testamento, para afirmar que, en el caso que exista, es un dios diabólico, responsable de todos los males del mundo por permitirlos, no haciendo nada para impedirlos.

DIOS ES OMNIPOTENTE Y TODOPODEROSO, PERO NO CONTRADICTORIO.

Dios no puede crear al hombre libre, para luego estar interviniendo, manipulando y cortapisando esa libertad que Él mismo le ha otorgado; porque eso sería una contradicción, y Dios en su Perfección no puede contradecirse, porque la contradicción es imperfección.

Hay una historia que ya he contado en diferentes ocasiones y que no me canso de repetir. La historia de aquel hombre que todos los días –al rezar- le decía a Dios: “¿Cómo permites, Señor, que haya tanta injusticia y maldad en la Tierra, sin hacer nada por remediarlo? Y un día Dios le respondió: “Sí que he hecho. Te he puesto a ti en el Mundo, para enmendarlo”.

AHORA, LA PREGUNTA NO SERÍA QUÉ HACE DIOS PARA REMEDIAR EL MAL EN EL MUNDO, SINO QUÉ HACEMOS CADA UNO DE NOSOTROS PARA ERRADICARLO.

Es una pregunta personal que cada uno debe de responder en conciencia.

No hay libertad sin responsabilidad, ni responsabilidad sin libertad, y tanto una como otra son personales e intransferibles.

La construcción de un Mundo mejor para todos los seres vivos del planeta es responsabilidad nuestra, no de Dios. Él simplemente nos ha enseñado el camino: la Fraternidad, el Amor, el Perdón, la Compasión y la Misericordia. A partir de ahí el hombre (varón y hembra) ha hecho lo que le ha venido en gana y los resultados a la vista están.

¿Acaso unos padres que han educado a sus hijos en la cultura del esfuerzo y el bien, son responsables de las maldades que éstos pueden hacer en el futuro? ¿Acaso pueden evitarlo? ¿Cómo?

Mientras no seamos capaces de ver nuestro paso por el Mundo como una estación de tránsito…, como una escuela de aprendizaje, con más horas de esfuerzo y sacrificio que de recreo y vacaciones; mientras no seamos capaces de ver el Mundo como un Purgatorio (estoy convencido de que algo habré hecho mal antes de mi encarnación en este valle de lágrimas); mientras en nuestra tibieza no seamos capaces de percatarnos que el bien no es simplemente no obrar mal, sino el combatirlo con cuerpo y alma…

Mientras no seamos capaces de todo esto, aquí tenemos Infierno para rato…; pero también de Cielo para aquellos que elijan entrar por la puerta estrecha, tras darse cuenta que la felicidad personal pasa por todo lo que hagamos para conseguir de la felicidad de los demás.

No preguntes que hace Dios para erradicar el mal en el Mundo; pregúntate que haces tú.

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