Opinión

Mi no entender

Juan E. Daroqui / ECONOMISTA

Más concretamente esto del fútbol, o más bien de la Liga Profesional de Fútbol, dirigida por una tal Javier Tebas que, entre sus méritos está el haber sido delegado provincial en Huesca de las juventudes de Fuerza Nueva (partido político de extrema derecha), haber sido presidente de la Sociedad Deportiva Huesca y, esto debe ser lo más importante, ser seguidor o hincha del Real Madrid.

A la Liga Profesional de Fútbol le debemos unos horarios kafkianos para jugar los partidos, gracias a los cuales muchos de nosotros nos hemos cocido literalmente en Mestalla, a las cuatro de la tarde en septiembre, o a las doce del mediodía dos semanas después. En un partido, la grada de la mar y en el otro los de tribuna. Así que por lo menos nos hemos asado todo el campo un poco, y no los de un lado solo.

Es la única persona que pone de acuerdo a todas las aficiones de primera división en su cántico de “Tebas vete ya”. Pero los dirigentes de los equipos lo siguen manteniendo a pesar del malestar de sus hinchadas. No lo entiendo.

El sábado pasado nos juntamos en Mestalla unas 45.000 personas para ver a 22 millonarios correr, en pantalón corto, detrás de una pelota a ver quién la metía más veces en la portería contraria. Que es lo que básicamente supone un partido de fútbol.

Antes de empezar el partido, y antes de empezar la segunda parte nos recuerdan por megafonía que, según la Ley del Deporte, están prohibidos los insultos o los cánticos ofensivos a los jugadores o al equipo contrario. Muy bien, nos dicen que por ley debemos ser educados con el contrario para no fomentar la violencia. El público, que paga religiosamente su entrada, no puede ofender al jugador que gana en un año, lo que muchos en una vida, porque se expone a una sanción. Yo me la puedo cargar si me pillan llamando a Lionel Messi hijo de puta, o el club se lleva una sanción si la grada canta a coro “Messi … eres un hijo de puta”. Lo dice la Ley del Deporte.

Pero parece ser que la misma Ley no dice nada de que un jugador, por ejemplo Messi, se encare con la grada y le diga “la concha de tu madre, sos unos hijos de puta”. Si el árbitro no lo refleja en el acta es como si no hubiera ocurrido aunque esté grabado por un motón de cámaras.

Y está muy mal que un energúmeno tire una botella de plástico a un corro de jugadores que celebran un gol, previo insulto de Neymar jr., y que le dé en un hombro, pero también está muy mal que tres o cuatro jugadores se tiren cogiéndose la cabeza como si en lugar de una botella de plástico les hubieran lanzado una bomba de racimo. ¿Qué pretendían los que fingían?, pues obviamente, ya que beneficio deportivo no iban a sacar (después de todos los regalos que ya tuvieron por parte del árbitro), perjudicar al club y la afición contraria.

Supongo que ninguno de todos estos será sancionado, por muchas evidencias que se hayan visto en cualquier programa deportivo. Todo un ejemplo para los jóvenes, por eso se ve lo que se ve en partidos de benjamines o juveniles.

Está muy bien eso de fomentar la no violencia en el deporte y eso del fair play, pero estaría mejor que no solo se preocuparan de los aficionados, también deberían fomentarlo entre los protagonistas. Y también castigarlos cuando lo hagan mal (que tomen a la NBA como ejemplo).

No entiendo por qué no es así.

@Rutiguer_JED

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