Opinión

No con mi dinero

Susana Gisbert

Entre ojiplática y cariacontecida. Así estoy viendo y oyendo en informativos el formidable despliegue de medios que supone el desembarco de un equipo de fútbol cuyos seguidores –por llamarlos de algún modo- se caracterizan por su especial salvajismo y peligrosidad, hasta el punto que a la mayoría les importa un ardite el fútbol porque ni siquiera tienen entrada para el partidito de marras.

Y no es que me sorprenda que haya energúmenos que se escudan en el fútbol para sacar lo peor de ellos mismos, que ya estoy curada de espanto, sino lo que esto nos cuesta en términos económicos. Porque, según escucho, hay una cantidad ingente de agentes de las fuerzas del orden para evitar cualquier desmán –o intentarlo- y hasta les han habilitado transportes propios y exclusivos.

No es que me parezca mal que se cuide la seguridad, más bien lo contrario. Lo que me indigna es que se tenga que hacer con los impuestos que pagamos de nuestro bolsillo. Y todo a la  mayor gloria de un espectáculo que interesa a muchos pero no es de interés público, por más que quieran.

Por eso, creo que hay otras formas de evitar el riesgo que gastarse un dineral. Sé que es difícil optar por prohibir la entrada a alguien, y que chocaría con algún que otro derecho, pero no se trata de esto. Voy más allá. Si jugar ese partido puede entrañar un riesgo, que no se juegue. Y si lo que interesa de verdad es el deporte, que se haga a puerta cerrada y, si lo tienen a bien, lo retransmitan los medios de comunicación y lo vea cada cual en su casita, o en el bar con los amigotes si es de su gusto. Sigue habiendo deporte y no hay ni peligro ni gasto público.

Pero no interesa. Porque el fútbol, más allá de un deporte, es un espectáculo donde se mueven cantidades indecentes de dinero, y no conviene meterse con él. Pero no me parece justo ni adecuado que se gasten dinero del ciudadano en dar seguridad a semejante evento, que ni es de interés cultural ni cosa que se le parezca, por más que alguien lo quiera vender así.

Y es que es para indignarse. Acabamos de leer las declaraciones de una juez que dice, alto y claro, que buena parte de la culpa de que continúe la escalada de la violencia de género es la falta de medios para evitarla. ¿Por qué no ese despliegue de policías para proteger a las víctimas en vez de cubrir el riesgo cierto de un partido de fútbol? Y ya sé que los aficionados no tienen la culpa, pero si son eso, aficionados, podrán ver el partidito en la tele, que el balón gira igual y los penaltis son penaltis igual. Incluso podrían meterse con el árbitro o con quien quieran en la intimidad de sus casas sin hacer daño a nadie. Y aquí paz y después gloria.

En un país donde no nos salen las cuentas, donde la justicia, la sanidad o la educación adolecen de miserias de todos conocidas, abochorna pensar que se gaste un solo euro por el simple hecho de que se va a jugar un partido de fútbol. Seguro que se nos ocurren miles de modos mejores de gastar ese dinero.

Y además, si se tomaran decisiones de este calibre, tal vez los responsables de esos clubes a los que siguen energúmenos con bufanda y camisetas de su equipo se lo harían mirar. Y si vieran que allá donde van se suspenden los partidos o se celebran a puerta cerrada, serían más contundentes a la hora de tomar medidas contra ellos. Y eso me vale para cualquier otro equipo, que en todas partes cuecen habas, donde se dé alas en algún momento a esas hordas de bárbaros.

Así que señores, gástense mi dinero en otras cosas. Cualquiera les dará buenas ideas al respecto. ¿O no?

@gisb_sus

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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