Opinión

El astral y los temas recurrentes

Juan E. Daroqui / ECONOMISTA

No hay más remedio que cada “equis” tiempo volver a tratar asuntos que no se puede dejar que se olviden, o que solo se traten cada vez que una noticia los lleva a la primera página de los periódicos.

Por ejemplo,  la violencia de género. Hay que luchar contra ella todos los días y no solo cuando se produce algún crimen que, por desagracia, es demasiado a menudo. No sé cuantas columnas he escrito sobre el asunto y supongo que todavía escribiré muchas más, porque no parece que el problema se vaya a solucionar en breve.

Otro asunto es el de los refugiados. Ahora, muy en el candelero gracias al programa o documental “Astral” de Jordi Évole, donde nos ha mostrado, con toda crudeza, el drama que viven miles de personas, hombres, mujeres y niños que huyen de la guerra. Y también nos ha enseñado la estupenda labor humanitaria que desarrollan las ONG’s, en este caso Proactiva Open Arms, para ayudar a toda esta gente que se juega la vida cruzando el mar.

También nos ha enseñado, con toda su crudeza, la falta de solidaridad de la Unión Europea con estas personas, dejando en manos de voluntarios, la mayoría del trabajo que los gobiernos deberían hacer. Ahora mismo, lo inminente es socorrer a estas personas, pero para evitar el tenerlos que ayudar, hay que solucionar la causa que empuja a toda esta gente a lanzarse al mar. Y esa labor no la pueden hacer las ONG’s.

Ese trabajo es de la ONU, la UE y si me apuran, la OTAN. La solución está en origen. Hasta que no solucionen los conflictos de Libia o Siria no se acabará el problema. En Siria llevan cinco largos años en guerra permanente, el país está en ruinas literalmente de tanto bombardeo. Quizá se pensaba que Bashar al-Asad duraría poco, pero como se ha visto no es así, y ahora con la ayuda de Rusia durará más para gobernar una ruina de país, con una población masacrada que huye despavorida, y con razón. Y en Libia más de lo mismo. Se pensaba que con la caída de Muamar el Gadafi se solucionaría todo y de eso nada, en guerra permanente desde entonces.

Y mientras tanto, el Mediterráneo convertido en un inmenso cementerio del que algunos logran escapar gracias a la inestimable ayuda de un montón de voluntarios, para vergüenza de los dirigentes de la UE.

Viendo la poca atención que parece que suscita en nuestros dirigentes este problema, se nos cae el alma a los pies. He leído en un artículo que con cada ahogado “se ahoga la dignidad de Europa y de los europeos”. No estoy de acuerdo, se ahogará la dignidad de nuestros dirigentes, porque los europeos podemos sentirnos muy orgullosos de gente como la de Proactiva Open Arms, o Médicos sin fronteras, o Save the children, por nombrar a algunos; la dignidad de los europeos está muy por encima que la de sus gobernantes, sobre todo la de algunos gobernantes que destacan por su desprecio a los refugiados, como Viktor Orbán.

Dentro de unos días, el embrollo del PSOE y la dichosa investidura hará que los migrantes pasen a las páginas interiores de los diarios, y hasta que no haya otra catástrofe no volverán a primera página.

No sé tampoco cuantas columnas llevo sobre los refugiados, pero serán las que hagan falta y más.

@Rutiguer_JED

print
Comentarios

Agregar comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Buenos días


El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

as.com

RÓTULOS CARDONA

Sígueme en Twitter