Opinión

¡¡Serán caraduras!!

Pedro H. Pineda

¿Cómo estás hoy, mi querido amigo? Yo me encuentro un poco desazonado, como si se me hubiesen revuelto las tripas por una comida en mal estado. Me sorprendo ante el espejo mientras me afeito, moviendo la cabeza de un lado para otro, como desaprobando lo que escucho en el pequeño transistor -hoy se llama radio portátil- las noticias que, una a una, va desgranando el locutor de turno. No me puedo explicar cómo dos parejas que estaban pacíficamente divirtiéndose en un baile de un pueblo español del norte, habían sido agredidas salvajemente por un buen número de energúmenos, con el beneplácito de los espectadores, por el simple hecho de que los muchachos habían sido reconocidos como integrantes de un cuerpo de orden público. Un Cuerpo -lo escribo con mayúscula para resaltar su dignidad- que tiene “la misión primordial de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los españoles y garantizar la seguridad ciudadana, bajo la dependencia del Gobierno de la Nación”.

No me puedo creer, querido amigo, que así, en frío, con la cobardía de sentirse valientes por encontrarse en franca mayoría, con el apoyo de casi todo un pueblo manchado de rencor, de odio, de revanchismo trasnochado, se pueda atropellar la libertad y el derecho de unos jóvenes a divertirse entre los que ellos tienen el deber de proteger, velar, cuidar, respetar…

Sigo con mis movimientos de desaprobación cuando a lo largo de mi pausado afeitado -aunque parezca mentira, esta acción matutina supone para mí un pequeño placer al comprobar como mi cara de lija, se convierte, pasada a pasada de cuchilla triple hoja, en una piel tan fina y suave “como el culito de un bebé”, que decía otro buen amigo mío- al comprobar que los minutos transcurrían sin que una sola persona, partido, institución o lo que fuere, mostrase la más mínima repulsa a los hechos. Naturalmente estos salvajes agresores no pertenecían a los que nuestros “ejemplares representantes políticos actuales” tienen en su punto de mira para echarles en cara el más mínimo de sus supuestos delitos, magnificándolos machaconamente en sus radios y televisiones.

A punto de terminar mi aseo personal mañanero, veo en el espejo como mis ojos se agrandan tanto que casi no caben en él. Estoy escuchando que días antes, estos jóvenes agentes de paisano, participaron en el rescate en la nieve -con peligro de sus vidas- de otros jóvenes, ex presos de una organización terrorista y correligionarios -o simpatizantes- de los mismos que ahora les estaban moliendo a palos. Ni el suave perfume de la loción post afeitado impidió que exclamara:

¡¡SERÁN CARADURAS!!

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