Credo

Antonio Gil-Terrón Puchades

Cuando pasas por la vida con alma de quijote, sin más bandera que tu honor, ni más honor que tu bandera, no piensas en todos los que ya han caído, ni tan siquiera te fijas en tu cuerpo herido; simplemente picas espuelas y cargas, sabiendo que junto a ti cabalga la más leal compañera, esa que – llegado tu final – en sus brazos alados te lleva allí donde -a pesar de la luz- refulgen todas las estrellas.

Que no te ciegue el aplauso, que no te distraiga la alabanza, porque el camino es largo y la recompensa ingrata… Y no esperes más medalla a tu esfuerzo que una húmeda mancha carmesí en el pecho, como postre del festín de la Parca en la batalla.

No rehúyas el combate, y si eres heridos que no te cieguen las lágrimas; recuerda que el dolor fortalece… si antes no te mata. Y si te mata no es por que hayas perdido, si no tan solo porque era ya la hora de tu última batalla; y al morir vives y al vivir ganas.

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