Opinión

Los otros 300

Antonio Gil-Terrón

Posiblemente en la actualidad seamos un desastre como nación, al tiempo que arrastremos defectos endémicos que ahora no voy a enumerar, pero no permitamos por ello que nos roben nuestro pasado; un pasado glorioso y épico, en donde nos podrán acusar de lo que quieran, pero no de cobardes y – mucho menos – de perdedores tal y como tradicionalmente nos ha venido representado la industria cinematográfica de Hollywood, con el silencio cómplice y vergonzante de nuestros libros de texto.

Los españoles adolecemos de muchos defectos, pero jamás la cobardía ha estado entre ellos, y tal vez sea por esta circunstancia que, cuando de temas bélicos hablamos, siempre hayamos confiado más en los cojones que en la tecnología. De este hecho han sido testigos de excepción, incontables campos de batalla que regados con sangre española, han dado testimonio del valor y la gallardía del infante español.

Con los atildados anglosajones ha sucedido justo lo contrario; tal vez por ello es por lo que han dedicado más tiempo y esfuerzo en inventar ingenios que les evitasen entrar en la lucha cuerpo a cuerpo, que en echarle huevos al asunto. De hecho, es tal la urticaria que les produce sentir en sus narices el aliento del enemigo, que ya en la Edad Media inventaron el célebre “Arco largo inglés”, que les permitía matar al contrincante a una distancia de 200 metros. ¡Maripilis!

Muestra de lo aquí expuesto lo pudimos comprobar en la Guerra de las Malvinas, en la que cuando los ingleses tuvieron que llegar hasta donde su sofisticada tecnología militar no alcanzaba, enviaron por delante a los mercenarios nepalíes, los “gurkhas”, para que hiciesen lo que – según parece – ellos no se atrevían a hacer: MIRAR A LA MUERTE, CARA A CARA, Y BAILAR CON ELLA.

Blas de Lezo y los 300

El año que los ingleses pudieron conquistar Hispanoamérica y cambiar el curso de la Historia, tropezaron con un puñado de españoles que les dieron hasta que se cansaron, haciéndoles salir por piernas. Dentro de esa hazaña protagonizada por la infantería española, destaca la historia épica de trescientos españoles, que armados tan solo con cuchillos y navajas, pararon los pies al “invencible” ejército inglés.

300 espartanos cambiaron el curso de la Historia de Europa, con su numantina resistencia en el paso de las Termópilas, al evitar con su sacrificio la conquista y colonización persa de Europa. El precio fue que ese día, Leónidas y sus 300 espartanos cenaron en el Infierno.

300 españoles impidieron un cambio en el curso de la Historia de América, al contener al poderoso ejército inglés en la rampa de acceso a la fortaleza de San Felipe de Barajas, las Termópilas de Hispanoamérica; la única diferencia es que esa noche los que cenaron en el Infierno fueron 1.500 ingleses, mientras los hombres de Blas de Lezo celebraban su victoria brindando con vino español.

@elvelorasgado

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ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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