Opinión

Que viva la madrina

Susana Gisbert

Aunque no lo crean, leía una noticia en las pasadas elecciones vascas y gallegas que me gustó. La única, la verdad. Y no porque me agrade más o menos el resultado arrojado, cosa que me callo porque, como he dicho otras veces, ni quiero ni debo hablar de política, sino porque era la única que con relación a las urnas no me suponía el cansancio y el aburrimiento que ha conseguido provocar nuestra clase política. O la falta de ella.

La noticia se refería nada más y nada menos a un buen hombre que confundió su sobre electoral con el que llevaba para obsequiar al neófito en un bautizo –o más bien a sus padres, que a esa edad aún no importa el dinero-. 200 euritos, que se colaron por la ranura de la caja de los votos. Lo mejor, que el hombre en cuestión no se dio cuenta en el acto, sino que, según relata la noticia, no lo hizo hasta que fue a entregar el dinerillo a los padres de la criatura y se encontró con que lo que les daba era el sobre con la papeleta electoral. Menuda papeleta, nunca mejor dicho.

Imagino el chasco. No sé si más el del obsequiador que el de los obsequiados, que eso de quedarse compuesto y sin sobre tiene su aquel. Menos mal que se dio cuenta a tiempo del cambiazo y corrió al colegio electoral en busca del sobre perdido, logrando el rescate una vez cerrado el colegio y antes del escrutinio. Y asunto resuelto. O al menos para él, porque al resto del electorado aún le queda lata por aguantar.

Ojala todos los errores fueran igual de reversibles. Antes, durante y después de las elecciones. Ojala se pudiera volver a la urna y cambiar de sobre si el votado no responde a las expectativas, no cumple con lo prometido o resulta, simple o llanamente, un fiasco. No recuperaríamos los 200 eurillos de ese buen hombre y de esos padres recién estrenados, pero tal vez si que recuperaríamos algo más importante: la confianza en quienes nos representan –o deben representarnos-

Pero no caerá esa breva. El hombre recuperó su sobre pero nuestra confianza está cayendo en un pozo tan hondo que es difícil que la rescate ni todo el cuerpo de bomberos.

No sé si se perdería el “Viva la madrina” imprescindible en cualquier bautizo que se precie. Y, como ocurre con las cosas serias, no lo repetirán. Sin embargo, podrá repetir el gesto de meter el sobre en la urna, y esta vez hacerlo bien a la primera. Y mucho me temo que tendrá pronto la oportunidad.

Pero al menos, él si tendrá un recuerdo grato de un día de elecciones. Una suerte para él. Nosotros, ni eso. Y, encima, sin poder leer lo que hay ni aprender filosofía impura con José Segura.

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