Opinión

Aprender a escribir, aprender a vivir

Antonio Gil-Terrón

No recuerdo qué fue de aquel viejo y desgastado lápiz con el que aprendí a escribir. Tampoco sé dónde fueron a parar mis primeros cuadernos de caligrafía. Ni lo sé, ni me importa, ya que es algo intrascendente; agua pasada que no mueve molino.

Ayer decía que llega un momento en la vida que te desprendes de los trastos viejos almacenados en tu memoria, a lo que una persona me respondió que ella lo guardaba todo, lo bueno y lo malo, porque de todo se aprende. Y efectivamente tenía razón desde su óptica, pero no desde la mía.

Aquel lápiz, aquella vieja libreta, y aquel padre escolapio que con sus capones y tirones de patilla me valieron para aprender a escribir, cumplieron su misión y formaron parte de mi vida, pero nunca merecieron ocupar un espacio en mi finita memoria. Simplemente me quedé con lo positivo: saber escribir y con aquellos primerizos e ingenuos poemas de amor.

¿Cuántos trastos viejos, cubiertos de telarañas, tenemos almacenados en nuestra limitada memoria?

Como escribí ayer, “llega un momento en que lo vivido supera a lo que resta por llegar (en esta vida). Y es en ese día cuando comienzas a desprenderte de todos los trastos viejos que durante años acumulaste en tu memoria, mientras ordenas con amor el arcón de los recuerdos más hermosos y que al final ese es el único equipaje que te llevarás.”

Por supuesto que aprendemos a base de golpes caídas, y lágrimas, y que todo ello forma parte de nuestra vida, pero considero que una vez aprendida la lección debemos guardar lo positivo, tras limpiar nuestra memoria y “corazón” del cómo lo hemos aprendido, ya que es, amén de doloroso, intrascendente; tan intrascendente como el color del lápiz con el que aquel lejano día aprendimos a escribir.

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Una inversión en conocimiento paga el mejor interés. (Benjamin Franklin)

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Un tanto de Diego Costa, de fortuna con la rodilla tras despeje del rival, fue el castigo con el que el destino respondió un planteamiento ultra defensivo de Irán (0-1) que se le atragantó a España, que pone luz a su camino en el Mundial de Rusia 2018 y se jugará el liderato de grupo ante una Marruecos ya eliminada.
Una selección para la que estar en un Mundial ya es un éxito, como Irán, tiene dos opciones antes de encarar el duelo ante una de las señalada favoritas. Alejada de la valentía, optó por el camino más rácano, el de afear el fútbol. Buscó instalar la desesperación a una España que encaró un ejercicio de paciencia y sufrió de lo lindo.

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