Opinión

La vaca que ríe y el alma que llora

Antonio Gil-Terrón

Hace ya bastante tiempo que observando a una vaca pastando feliz en libertad, comencé a intuir que la llave de la felicidad podría estar en la desinformación. Y es que la pobre vaca ignoraba que cuando sus huesos ya no la sostuvieran en pie, le iban a presentar a la máquina de picar carne, paso previo este, antes de terminar amortajada entre dos trozos de pan industrial, camino de la panza de algún zampa hamburguesas.

Lo dicho; en la desinformación podría estar la felicidad.

Lo que ocurre es que a pesar que hace años que este servidor no lee la prensa salvo en casos de estreñimiento agudo, no puede evitar el vivir en sociedad por lo que es inevitable que siempre haya algún “bienintencionado” agorero que al verme feliz en mi desinformación selectiva, le falte tiempo para vomitarme encima todo tipo de desgracias, propias y ajenas, recordándote la mierda de mundo en el que vivo.

Img Facebook / A.Gil-Terrón
Img Facebook / A.Gil-Terrón

Entonces es cuando te planteas si el buscar la felicidad en la desinformación no es puro egoísmo. Y arrepentido, vas y te informas; y cuando ves cómo está el patio, te revuelves indignado hacia Dios y dices: – “¿Cómo permites, Señor, que haya tanta injusticia y maldad en el planeta, y no hagas nada por remediarlo? Y Dios te contesta: – “Sí que hago. Te he puesto a ti, y a otros como tú, en el Mundo, para enmendarlo. ¿Qué has hecho tú?”.

Y uno intenta responder, pero no puede. Tan solo unos trémulos balbuceos inconexos, brotan torpemente de tu boca, al tiempo que recuerdas a la vaca que ríe mientras tú, avergonzado lloras.

 

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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