Valencia

Primer pinchazo del Valencia frente al Feyenoord

La nota positiva fue el estreno goleador de Medrán, quien anotó un gol de falta directa. La negativa fue la defensa, incapaz en balones aéreos

El Feyenoord venció en el segundo amistoso del verano con dos goles de cabeza. Pero el equipo holandés -con mucha más envergadura- se hartó de rematar en el área. El central Botteghin (1,93 metros) necesitó hasta tres ocasiones para marcar el tanto de la victoria, ya en el 90′, en la última ocasión del partido. Además, el árbitro había anulado antes otro tanto por falta a Ryan.

Medrán fue la mejor noticia del Valencia. El mediocentro marcó un golazo de libre directo desde 30 metros en la segunda parte, que suponía el 1-1 momentáneo. El balón no iba muy ajustado, pero engañó al portero y la parábola que describió el esférico era inapelable.

El Valencia de la primera parte tuvo dos buenas oportunidades -una de Rodrigo y otra clara de Santi Mina- y las desaprovechó. El Feyenoord se acercó más a la portería de Alves y, en la más clara, batió al meta brasileño, que se lo reprochó a Ayala. No le faltaba razón, pero tampoco hacía falta señalar al joven central. Jorgensen, tanque danés de 1,90, remató a placer dentro del área.

Enzo Pérez lideró el centro del campo con un Carlos Soler incansable. Pero al equipo le falta la intensidad que ambiciona y trabaja Ayestarán. Una buena combinación de Santi Mina y Rodrigo, que acabó con un disparo muy cruzado del hispano brasileño, parecía inaugurar una buena tarde de los tres atacantes. Pero no. Algún detalle de Nando, la ocasión de Mina desbaratada por el meta y poco más.

El equipo holandés dibujaba una línea de fuerza en el eje formado por El Ahmadi, Kuyt -aún intimida a sus 36 años- y Jorgensen. Los cambios de la segunda parte -todos menos Enzo y Soler- le dieron otro aire al equipo. Rafa Mir, que entraba al área desde la izquierda, tuvo dos buenas ocasiones servidas por Alcácer y Gayá, respectivamente. Pero el Valencia no terminaba de hacerse con el partido. El equipo holandés intimidaba con centros al área que eran una angustia constante. Primero, con la envergadura de Jorgensen y luego, con la entrada de Kramer, el ídolo local de 1,95 metros. Santos y Ayala, en la primera mitad, y Vezo y Abdennour, en la segunda, encontraron muchas dificultades para desbaratar el peligro de los centros laterales.

El Valencia intentaba sacar el balón jugado, como practica en los entrenamientos, pero no siempre podía llevar la iniciativa. El empate habría dejado mejor sensación, pero el Feyenoord explotó mejor sus armas.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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