Opinión

No soy Messi

Susana Gisbert

Ojiplática, espardalizada y alucinando pepinos. Y escandalizada, también, por qué no decirlo. Así me quedé ante la campaña de cierto equipo de fútbol. Tanto, que si me pinchan no sangro. O sí.

Como bien sabrán mis siempre informados lectores, un equipo de fútbol del máximo nivel de la máxima categoría del mundo mundial, lanzaba una campaña para apoyar en redes sociales y donde se presente a su estrella, condenado por la justicia por una defraudación a Hacienda. Ahí queda eso. Como si se tratara de un reality show y tuviéramos que votar quien se queda en la casa del Gran Hermano.

Lo digo y lo repito. Me alucina. No voy a entrar en los entresijos de la sentencia que, además, no es firme todavía y a buen seguro que es recurrida. Tampoco en cuestiones técnicas, que ni éste es el sitio, ni debo, ni puedo. Pero sí aclararé algo. Al margen de que tenga más o menos culpa, merezca sanción penal o no –cosa que ha decidido un tribunal en sentido postivo- o supiera más o menos de los hechos, una cosa es incuestionable e incuestionada. Dejó de pagar a Hacienda una cantidad importante, dada la cifra obscena que cobran quienes viven del talento para dar patadas a un balón. Y dejó de pagar a esa Hacienda que somos todos, a ésa con la que se pagan la sanidad, la educación y la justicia, entre otras cosas, de todos, incluídos quienes no tienen la fortuna de podérselo pagar de su bolsillo, al contrario que este señor.

Y también me escandaliza que una entidad que se vanagloria de representar a una ciudad, o gran parte de ella, amén de los aficionados que tiene allende sus fronteras, tenga el cuajo de excitar a todos esos aficionados para que se movilicen apoyando al futbolista en cuestión. Y a hacerse partícipes, con el hagstag de #TodosSomosLeoMessi. Vaya que no. Díganselo a quienes no llegan a fin de mes, a quienes pasan apuros para pagar medicamentos o comida o para conservar su casa. Si fueran todos –me niego a incluirme- deberían estar autorizados en su abultada cuenta corriente para poder tirar de esos dineritos y solucionar sus problemas.

A mí, españolita de a pie, que tengo la suerte de tener una nómina y cobrar todos los meses, se me abren las carnes solo con pensar que, mientras de mis ingresos Hacienda detrae una cantidad importante cada mes, el hecho de jugar al fútbol con destreza justifique no hacerlo. ¿Y quieren que me solidarice con él? Pues ni hablar. Mi solidaridad se mueve hacia otros derroteros.

Me pregunto donde estaba el mundo del fútbol cuando un estadio entero coreaba a otro futbolista acusado de maltratar a su novia. Dónde estaba la solidaridad con la víctima. Y dónde el respeto a la justicia. Porque parece que un balón obnubila el cerebro y justifica lo injustificable.

Así que no, señores. Que una entidad que presume de ser más que un club promueva una campaña de este tipo, me abochorna. Ni soy ni pienso ser Messi ni nadie que se sustraiga a sus obligaciones, condenado o no.

Y luego nos preguntamos por qué la corrupción campa por sus fueros. Pues quizás aquí esté parte de la respuesta. O no.

@gisb_sus

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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