Opinión

El desastre de la izquierda (II)

Jose Segura / LO QUE HAY

Veamos cuántos miedos diferentes pudieron influir en las elecciones.

Mucho se ha hablado durante la campaña electoral sobre el uso del miedo como argumento de la derecha. Pero ¿miedo a qué? La mayoría de los miedos que han producido el inesperado vuelco electoral pasan por el bolsillo de los ciudadanos.

Así, bajo la premisa que se suele achacar a los conservadores españoles, eso de “cuanto peor, mejor”, el resultado del “Brexit” pudo resultar providencial para el PP. En especial, las consecuencias económicas inmediatas, como la extraordinaria caída de la bolsa española –la mayor de su historia-, la subida de la prima de riesgo, la devaluación drástica de la libra y, fundamentalmente, toda la suerte de incertidumbres económicas que se ciernen sobre nuestras cabezas, parangonando el posible descalabro tras la anunciada salida del Reino Unido de la UE.

Muy bien supo aprovechar este miedo el presidente en funciones, Mariano Rajoy, que esta vez sí reaccionó de inmediato, saliendo a la palestra y ofreciendo la estabilidad necesaria para afrontar la nueva amenaza. El único éxito del gobierno del PP, la mejora de la macroeconomía, pudo ser suficiente para mantener sus votos y atraer a más ciudadanos que se encuentran en una razonable situación económica a su regazo.

Así las cosas, se nos presentaba una oferta electoral de izquierdas dispar y desunida, formada por una amalgama de ideologías y estilos muy diferentes.

Nos encontramos con un PSOE que cada vez practica en mayor medida una socialdemocracia descafeinada, y en cuyas filas no se ha ocultado la división de opiniones ante la validez de su líder Pedro Sánchez. De hecho, se llegó a popularizar en los medios el posible viaje en AVE de Susana Díaz para tomar el poder ante el esperado descalabro electoral de su partido. La presidenta de Andalucía, no desmintió en ningún momento el chascarrillo. Por el contrario lo realimentó con sus ambiguas y poco creíbles declaraciones de apoyo al hasta ahora su líder. Esta división interna, que no resultó precisamente atractiva para los ciudadanos, bien pudo traducirse en miedo a votar a un partido socialista en descomposición y con un discurso de curva plana. Este PSOE ya no es lo que era, pudieron pensar los votantes, tanto por la presión de todos contra los socialistas, como por una posición de taifa en Andalucía que le ha costado el liderazgo político en esa comunidad autónoma.

Y por lo que respecta a Unidos Podemos, parece claro que nuestro país no cree necesaria, desde hace décadas, la implantación de un partido comunista en España. Comunista por decir algo, ya que la dirección de la coalición planteó una campaña, en plan “oso amoroso”, que pretendía dulcificar al máximo su oferta con tal de no generar miedo. Incluso su nuevo intento de giro en el posicionamiento político, llevó a su máximo líder a afirmar que Unido Podemos eran la nueva socialdemocracia. Como resultado bien se pudo pasar del miedo a la desconfianza y al desencanto de muchos de sus esperados votantes. Pero no olvidemos que en Unidos Podemos se concentra socio-demográficamente la mayor cantidad de jóvenes, respecto al resto de partidos políticos de nuestro país.

Aunque, si damos por válidos los resultados electorales, nos encontramos con otro miedo absolutamente tópico y generacional: el de los mayores frente a la inexperiencia de los jóvenes. Como en el Reino Unido, muchos de nuestros maduros votantes se han preocupado sólo de sí mismos, de sus negocios pequeño burgueses, del mantenimiento de sus salarios y de sus pensiones, coartando una vez más el futuro de los más jóvenes, por mucho que sean estos los que más perjudicados se encuentran ante la falta de trabajo y la desigualdad social acrecentada en los últimos años por el PP. Una vez más, el egoísmo ciudadano contra al futuro del país.

Pero no se puede evitar una última pregunta: si el ya famoso millón de votos esperados por Unidos Podemos para ponerse en cabeza de la izquierda, coincide con el incremento de la abstención –como se ha atrevido burdamente a escribir en El País el CEO de Metroscopia, con una aseveración increíble que adjudica todo el incremento de la abstención a los simpatizantes de Pablo Iglesias-, ¿dónde creen que estaban ese millón y pico de votantes? ¿Escondidos en su propio acojone por tener que tomar las riendas del país o de resaca postparranda? Anda ya. Imposible.

Hasta mañana.

Twitter: @jsegurasuarez

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