Opinión

Ansiedad

Jose Segura / FILOSOFÍA IMPURA

Para los que todavía creemos, ingenuamente, que los votos de los ciudadanos pueden cambiar nuestro pequeño mundo, se nos ha echado encima un fin de semana en el que la espera de los resultados del referéndum británico, o de nuestras elecciones generales de este próximo domingo, no dejan de producir una cierta ansiedad. Dependerá del grado de angustia existencial de cada uno para que la espera se haga más o menos soportable.

Ayer, por ejemplo, recibí un tuit –relacionado con mi última entrega de LO QUE HAY, “Huele a cloaca”- en el que se me preguntaba si el asunto de Fernández Díaz podría abocar en un vuelco electoral como ya ocurrió cuando se pilló mintiendo al gobierno de Aznar en las tristes fechas posteriores al atentado del 11M.

Mi reacción espontánea, seguramente paralizada la mente por el recuerdo de tanto horror, y recordando que ese 30 % de votantes que le queda al PP es de extrema fidelidad, fue un rápido “No creo”. Por cierto, no se busque aquí un juego de palabras, pues aun siendo plausible, me referí exclusivamente a la contestación a tan interesante y demoledora pregunta.

Pues a la ansiedad propia, esperando los resultados de tan importantes consultas en el Reino Unido y aquí en España, se me ha sumado una nochecita toledana, de esas en las que la cabeza no para de dar vueltas, produciéndome un insomnio como hacía tiempo no tenía. Todo porque esa respuesta “No creo”, me golpeaba la cabeza una y otra vez, como en un aquelarre con nocturnidad y alevosía ante la duda de la oportunidad de mi contestación tuitera.

No creo, no creo, ¿seré imbécil? Y así la noche entera. ¿Por qué dije “No creo”, cuándo debí escribir “Eso espero”, que es lo que realmente siento? ¿Por qué no recordé en primer lugar los años de mentiras y corrupción del gobierno de Rajoy, en vez de haber utilizado espontáneamente el posibilismo? ¿Por qué dejé pasar lo de la “policía patriótica”, que tanto recuerda a los peores años del franquismo? ¿Por qué se me habrá aparecido Van Gaal esta noche, repitiéndome hasta la saciedad aquello de “¡Siemprrre negatifffo, nunca positifffo!”?

La respuesta se puede encontrar una vez más en la filosofía, hoy absolutamente impura, que sobre la angustia y la ansiedad nos trae frases tan bellas como “Ellas son astutas y resbaladizas y también sé que se ocultan en algo que es como un laberinto de escondites impenetrables; mientras más buscas más se esconden.” (Mi agradecimiento a Mara y a su magnífico post en el blog Transfilosofía, de quien he copiado literalmente el entrecomillado)

Esta tarde, cuando tuitee este artículo, buscaré al tuitero que me hizo la dichosa preguntita y le contestaré de nuevo. Esta vez para decirle que ojala sí afecte tanta mentira a las elecciones y este partido ultraconservador, que tantas desgracias nos ha traído, se vaya a su casa durante un largo tiempo.

Twitter @jsegurasuarez

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ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

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Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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