Opinión

Huele a cloaca

Jose Segura / LO QUE HAY

Durante los cambios de tiempo, sube desde las cañerías, las alcantarillas y otros sumideros un olor a cloaca que a veces se hace insoportable. Se mueven las ratas, dicen los más viejos. El olor del infierno, llegan a decir otros.

Aunque no hay cloacas que más apesten que las del Estado, cuando alguien al frente de algún alto cargo realiza movimientos ilegales –o simplemente antidemocráticos- para perseguir a algún adversario político por el mero hecho de serlo.

En esas cloacas del poder, se movieron ilegalmente fondos reservados destinados a la financiación de los GAL, por lo que los responsables políticos de entonces dieron con sus huesos en la cárcel.

Ahora, vuelve la peste con la salida a la luz de unas grabaciones –recién divulgadas por el diario Público- en las que al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y al director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, se les escucha conspirando contra cargos electos de esa comunidad autónoma, con la intención de cargarles algún renuncio.

En esas conversaciones, mantenidas en 2014, también se escucha al ministro asegurando que iba a trasladar las conversaciones mantenidas a “quien te puedes imaginar”, en una clara referencia al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Los dos principales implicados se han limitado a echar balones fuera, como suele ocurrir en estos casos.

En cuanto al aludido presidente, ha salido por dónde suele hacerlo, negando conocer lo más mínimo sobre el asunto, incluso que existiera el cargo de director de una oficina antifraude.

Que las cloacas del Estado existen, es harto sabido. Que deban existir es mucho más discutible. Pero que pillen a alguien en plena faena ilegal, debe ser como mínimo causa de cese o dimisión. Sin ambages, rodeos ni excusa alguna. A la calle de inmediato. Y ya se verá luego si hay causa penal.

Pero a escasos días de las elecciones generales y con el ministro del Interior encabezando una de las listas, no parece creíble que el presidente del Gobierno tenga los redaños suficientes para cumplir con su deber y cesar de inmediato a semejante sinvergüenza. Poco se puede esperar de quien ha excusado constantemente a tanto corrupto.

Y para mayor escarnio berlanguiano, también habrá que preguntarse cómo es posible que unas conversaciones de este cariz hayan sido grabadas, filtradas a los medios y publicadas, dejando al ministro –precisamente el de Interior- en el más absoluto de los ridículos.

Una vez más, se plantea la habitual dicotomía. O estamos en manos de gente peligrosa o nos gobiernan unos inútiles. Que cada uno saque la conclusión que mejor le parezca. Pero, en cualquier caso, que estos bribones se vayan a su casa. Hoy mismo.

Twitter: @jsegurasuarez

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